domingo, 23 de febrero de 2014

En el bosque de La Vall

Sube una colina, baja una montaña



Madrugón dominguero y una hora de viaje en dirección a la Vall de Uixó en Castellón, donde los amigos del club de tiro Arquers de la Vall ha preparado un bonito recorrido compuesto por 15 animales. Estaciono el vehículo en lo que parece una antigua cancha de baloncesto asfaltada y detengo el motor. Tenía ganas de llegar, necesito estirar las piernas y aunque tengo el bosque delante, decido hacerlo en cualquier otra dirección, un poco para reconocer el terreno que usan los deportistas de este club para entrenar, pero también un poco para no dejarme llevar por la magia verde de la naturaleza antes de tiempo. De momento mis pies pisan asfalto y hasta que se ordene que la patrulla de tiro de la que forma parte así continuaré. Pero no, antes de comenzar el recorrido, nuestros anfitriones tienen dispuesto un almuerzo al que acudimos cruzando un pequeño barranco que no parece que hoy, a pesar de las lluvias que se pronostican, vaya a llevar agua. Piedras, piedras y más piedras...esperemos no pisar en falso y lastimarnos un tobillo antes de comenzar el recorrido. Bastantes oportunidades nos ofrece ya el bosque para una siempre inoportuna lesión si no somos cuidadosos.

Tengo que reconocer que soy una "rara avis", "un bicho raro" en estos rituales gastronómicos en los cuales ves más de un exceso tras retirar de las brasas los productos cárnicos que todos esperan con ansia. Todos menos yo, que soy poco amante de este tipo de facilidades para el colesterol, pero bueno, dejemos disfrutar del tentempié a los participantes, que dentro de un ratito van a tener la posibilidad de quemar parte de ese exceso calórico caminando por el bosque. A veces dudo si se trata de clubs gastronómicos o deportivos, pero prefiero dejarlo en gente sana y sociable que no busca sino la satisfacción de saberse entre iguales que disfrutan enormemente de una misma afición.


Regresamos y por fin, empezamos a sacar los equipos de los vehículos. Arcos que se encuerdan, carcajs en los cuales se acomodan las flechas, protectores de brazos, guantes, provisión de agua...todo ocupa su lugar en las manos de cada participante, en ese ritual repetido tantas veces a la hora de prepararse para usar los arcos.
Desde que llegamos, no ha parado de caer una fina e impertinente llovizna que humedece a arquero y su equipo. El arquero se secará, esperemos que el equipo no se vea afectado por la humedad, aunque sabemos que las que más van a sufrir serán las plumas que rematan nuestras flechas plegandolas hacia el vástago y reduciendo su perfil estabilizador. Maldita sea, en mi último recorrido de bosque también llovió. Voy a pensar en ofrecerme a los gobiernos de países de climas secos para acabar con la sequía con mi sola presencia, tipo milagro o algo así.

Tras un breve calentamiento, se nos llama a formar las patrullas como determinan los listados y una por una se van internando en el bosque en busca del objetivo cuyo numero les ha sido asignado para comenzar. Yo estoy en la dos, así que de inicio, no voy a tener que caminar demasiado antes de empezar a hacer volar mis flechas.

Con mi buen amigo Jorge
Después de muchos meses, de nuevo un bosque, esta vez desconocido para mi, aunque adivino que va a ser un recorrido de los difíciles porque es una montaña y vamos a tener que hacer una subida trabajosa y una no menos complicada bajada. Siempre cansa, pero de eso va el deporte... y no nos engañemos, sabemos a lo que venimos.



El bosque.
Ese lugar mágico lleno de vida. Ese lugar en el que se respira tranquilidad y en el que tras cada árbol , hay otro árbol, y otro, y otro. Un manto verde que nos envuelve y consigue hacer que nuestros problemas cotidianos y el estrés de la ciudad sean apartados de un manotazo por una amalgama de sensaciones que tenemos demasiado aletargadas, herencia genética de nuestros más remotos antepasados y que nos hace sentir bien, que momentáneamente nos devuelve a esa parcela salvaje que cada cual guarda en un rinconcito de su cerebro.
Se da el aviso de inicio y las flechas vuelan entre gotas de lluvia buscando hacer blanco en las zonas vitales de la silueta y hacer muchos puntos, aunque hoy los puntos no nos acercarán a ningún trofeo. Hoy únicamente sumaremos puntos en una tablilla empapada para ser conscientes de nuestros aciertos y de nuestros fallos, por el gusto de apuntar. Hoy tan sólo vale el hecho de disfrutar disparando flechas en un bosque del que momentaneamente nos sentiremos parte y pasarlo bien.
Me gusta...cada vez más.




3 comentarios:

  1. Me ha gustado mucho la redaccion, magnifica, nos vemos pronto.

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  2. Que envidia!! Podrías darme algún consejo para hacer un arco de laurel (decente) con el pueda intentar cazar o tirar a una diana? Lei en un sitio, que el laurel es bastante bueno, el problema es que cada vez que lo intento, la madera se raja, y finalmente se parte, eso me agobia mucho porque me encanta la arquería.
    Otra cosa, tú sabes como se consigue dar esa forma a los arcos? (como el tuyo o el de tus compañeros) porque lo he intentado pero no lo logro nunca. Mi correo electronico es amfrodete2@gmail.com

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