domingo, 21 de octubre de 2012

BOSQUE, BARRO Y FLECHAS

Lo prefiero con banda sonora 




Cargamos los arcos en el coche y el resto del equipo con las reservas que nos genera el tiempo tormentoso en el que estamos. Veremos si no nos mojamos. Anoche enceramos las cuerdas, revisamos y reparamos pequeños desperfectos en las flechas, y preparamos el material como otras veces.  Es de noche todavía y tenemos un buen puñado de kilómetros por delante hasta llegar a Pina de Montalgrao, pero el premio merece el madrugon dominical, que no es otro que pasar una mañana recorriendo el bosque en busca de nuestros objetivos con forma de animal y hacer volar nuestras flechas hacia ellos, con el animo de ser certeros y puntuar alto. Veremos si somos capaces. La autovia mudéjar nos conecta en un tiempo más que razonable con el desvío hacia nuestro destino. Como esta vez es de noche todavía no podemos contemplar el paisaje plagado de aerogeneradores, como mucho vemos las balizas luminosas que los señalizan.
Llegamos a Pina amaneciendo y de nuevo comprobamos que tenemos bastante olvidada la tranquilidad de los pueblos que quedan lejos de las grandes ciudades. Cruzamos el municipio sobre nuestros vehículos y llegamos a la embarrada zona donde se reúnen l@s arquer@s. Menuda cayó anoche aquí. No somos los primeros ni en broma.  Se ve buen ambiente. Gente arriba y abajo cargados con sus arcos y sus carcajs llenos de flechas de las que más de una se quedara a vivir en este bosque. Hay ganas de comenzar, pero primero hay que consultar las listas y organizar las patrullas. Mejor montaremos el arco y nos cargaremos a cuestas el equipo necesario. Mientras monto la cuerda en el arco, no puedo evitar sentirme algo nervioso al sumergirme en este bullicio, aunque me siento en mi salsa. Es como si fuesen a empezar sin mi, a pesar de que se que todavía queda un rato de relativo caos, de saludos a gente conocida y de gente que busca un lugar para aliviar sus vejigas, cosa que haremos contra un pino y a escondidas. Recurvos, longbows, mecánicos....y el raro, una vez mas yo, el que no podía conformarse con lo de los demás y se agencio un arco húngaro que el personal identifica erróneamente por su parecido con un arco mongol.  "¿Mongol?” - me pregunta mas de uno, a lo que yo debería contestar "No, soy español, lo que pasa es que pongo ojitos de mirar de lejos", pero acabo procurando no ser graciosillo y contestando con educación a las preguntas acerca del arco que me van formulando.

Reunimos como podemos la patrulla de cuatro personas y decidimos tirar unas flechas de calentamiento a los dados de foam que se han colocado al efecto. Decenas de flechas clavadas peligrosamente cerca las unas de las otras, como buscando un "Robin" que nadie desea, que cargarse alguna flecha ya seria comenzar con mal pie.

Mejor el barro del bosque que el de la ciudad

Se nos asigna un objetivo por patrulla así que ocupamos todo el recorrido formando pequeños grupos, ansiosos por que el silencio del bosque sea roto por el silbato que marca el inicio de nuestra marcha a través de pinadas espesas y monte bajo,  aquel que nos indica que pongamos una flecha en el arco, lo tensemos, que encaremos y que hagamos volar por el bosque cientos de flechas mientras respiramos aire puro al lado de gente que comparte con nosotros el gusto por un arte que en mayor o menor medida tenemos grabado en nuestra memoria genética, estoy convencido de ello.
El silencio del lugar se presta en ocasiones a escuchar como el aire acaricia los emplumados y los hace sonar mientras la flecha vuela. Es un sonido que me gusta casi tanto como el tranquilizador "toc" que nos dice que hemos alcanzado el blanco, que puntuamos y que no tendremos que buscar la flecha o lo que quedase de ella.



Una mañana entera para arriesgar nuestras flechas en ochenta disparos que nos sabrán a poco, pero que nos llenaran mucho si los efectuamos correctamente.

La patrulla precedente ha abandonado su objetivo y nosotros llegamos a el.  Mi turno. Conecto mi bota con la piqueta de marcaje y coloco una flecha, me concentro en la zona de impacto, abro despacio y encaro el arco con una cierta tensión nerviosa. No conozco la distancia, no me importa. Me debe guiar mi instinto, mi escasa experiencia en bosque y mi coordinación. Será como hacer un triple en basket. Mis dedos se relajan y durante un instante demasiado fugaz para mi gusto la flecha y mi pequeña descarga de adrenalina vuelan hacia el blanco con la esperanza de alcanzar la zona vital del animal, cosa que buscare repetir una y otra vez hasta agotar mis disparos con el animo de regresar a casa con la sensación de haberlo hecho un poco mejor que la vez anterior.

domingo, 7 de octubre de 2012

FABRICANDO FLECHAS DE MADERA

Un poquito de Loreena McKennit


Desde que practico el tiro con arco he podido comprobar que encontrar la flecha que se aproxime a la perfección es una tarea casi imposible. Cada persona consultada tiene su propio criterio, así que entre unos y otros te llenan la cabeza de datos y detalles que en ocasiones son acertados y otras auténticos disparates. También hay quien te aconseja bien, pero sin poder o saber razonar ese dato, de manera que no lo entiendes (o no te convence) y lo almacenas junto a los despojos de explicaciones anteriores.



Tal vez esta circunstancia sea la que lleve a más de uno y a más de una a dedicarse a testar con su propio arco las flechas que otros compañeros se han arriesgado a probar, ya que con cierta frecuencia aparecen en el mercado tubos de características supuestamente novedosas.  Si funcionan bien, se piden las mismas y arreglado y que me las manden montaditas, por favor...  Seguramente esas personas no desconocen el modo de hacer sus propias flechas y que entienden la manera en que la física actúa sobre ellas en vuelo, pero se dejan llevar por la comodidad. Bueno, es otra forma de enfocar el tema, pero en mi caso no concibo que otros me hagan las flechas por que si es así, acabare por olvidarme de dos de los aspectos más importantes de esta afición, de cualquier afición: equivocarse para aprender y ser tan autosuficiente como sea posible.

Por lo general, esto se da principalmente en arquer@s que usan habitualmente flechas con vástagos de aluminio, carbono o combinación de ambos y no deja de ser una forma valida de llegar a conclusiones, aunque para mi gusto un poco incompleta.

A diferencia de los vástagos de madera, que son macizos, las flechas de aluminio y las de carbono son tubos huecos que se fabrican en diversos calibres y distintos  grosores de pared de tubo. La ventaja de estas flechas radica básicamente en su ligereza dando un buen rendimiento a la flecha, sobre todo en velocidad, aunque no debemos olvidar que están sometidas a las mismas leyes físicas que las de madera, sea esta de cedro, abeto blanco u otras como la caña de bambú que a pesar de ser una caña hueca, en estos calibres queda con una cámara de aire muy reducida.

A pesar de todo lo dicho, un servidor es de madera (mira, como pinocho) y para explicar el montaje de flechas me centrare en este material si el serrín de mi cabeza no me lo impide. Por supuesto aquí no voy a tratar de verdades absolutas, de hecho, con toda seguridad lo que apunte en esta entrada será discutible, pero es mi manera de elaborar flechas y tengo que decir que no me ha dado mal resultado.

El primer factor a tener en cuenta será el peso mínimo de la flecha acabada. Es muy importante ya que si la flecha es excesivamente ligera se corre el riesgo de que se produzca - en cierta medida - el efecto de suelta en vacío que podría dañar el arco. Y...¿cual es el peso mínimo que nos ofrezca seguridad? Al menos 6 grains por libra real de potencia. Para ello debemos tener en cuenta que una cosa es la potencia que el fabricante del arco nos marca para una apertura de 28 pulgadas y otra distinta es la obtenida a nuestra apertura, que puede ser sensiblemente menor, con lo cual obtendríamos aproximadamente 3 libras menos por pulgada de menos y viceversa. . Lo que procede es pesar el arco a nuestra apertura y averiguar esa potencia real para adquirir los vástagos con la flexibilidad (spine) mas adecuada.
Conocida dicha potencia la regla es sencilla. Imaginemos que usamos un arco al que sacamos 50 libras de potencia real.   50 # x 6 grains = 300 grains (aproximadamente 18 gramos).

Todo el peso que exceda esos 18 gramos puede estar de más, aunque en madera será difícil evitar un cierto "sobrepeso". Ese peso de más contribuye a que la flecha disparada caiga antes de lo deseable, aunque solo es notorio a distancias largas y además "vacía" de energía las palas del arco, dando un nivel de seguridad mayor y una mayor durabilidad del arco.

Si se tratase de tubos de aluminio o carbono podríamos cortar la medida deseada, la cual debe estar al menos 1,5 o 2 pulgadas por encima por el eje de pivotación del arco en la ventana (por seguridad) para evitar los peligros de una sobreapertura de los tirones en momentos de cansancio y colocar punta, culatin y emplumar, ya que cualquier posición en la que pongamos la flecha en la emplumadora será valida.

Pero tratamos con vástagos de madera y eso cambia las cosas.

Los potentes arcos medievales europeos desarrollaban un tremendo empuje sobre el culatin tallado en la misma madera y ello obligaba a buscar la forma de que no los partiese en dos metiéndose entre dos líneas de veta de la madera. Si miramos un vástago de madera en sección se aprecian unas rayas que suelen ser producto de la herramienta que lo ha cortado, pero eso no es la veta de la madera. Si lijamos esa parte con una lija fina aparecen unas líneas finas mas o menos paralelas entre si que son la veta de la madera. Pues bien, en su momento se buscaba que la cuerda empujase todas las líneas a la vez para evitar la fractura de la flecha en el disparo (ver dibujo). Además era frecuente que se reforzasen con una lámina de cuerno para mayor seguridad.





Hoy se simplifica el montaje de flechas indicando que se proceda de igual manera para buscar "la parte mas dura de la madera", tomando dos medidas como se detalla en el dibujo de arriba, con las vetas en vertical y girando 180 grados para tenerlas del revés, marcando la timonera en la parte de arriba en la medición que nos de mayor flexibilidad en el vástago.  Pero eso puede funcionar...o no, por que corremos el riesgo de que nuestras flechas queden excesivamente rígidas. Es un procedimiento que funciona, aunque se puede afinar más del modo que explico a continuación.
 




La mejor manera de determinar en que posición debemos emplumar debería ser el siguiente.
Teniendo en cuenta que las potencias de los arcos vienen dadas para una apertura de 28 pulgadas (aunque hay quien mantiene que en arcos de fabricación coreana es a 29") deberemos colgar el vástago sin cortar entre dos soportes distantes entre si esas 28 pulgadas ( podemos hacerlo entre dos alcayatas) y colgar en el centro un peso de 900 gramos (dos libras aproximadamente) aunque en el dibujo he puesto 880 gramos debido a que hasta la fecha era el peso que colocaba y que parecia aceptarse en mi entorno arquero.  Tras hacer infructuosas averiguaciones y observar como hay quien esa distancia entre soportes la reduce a 26 pulgadas (que es la utilizada por el fabricante de los vástagos al medir su spin) y que hay quien la aumenta a 29 he concluido que lo correcto deberia ser que esa separacion entre soportes sea la longitud real a la que vas a dejar el vastago, que puede ser tu apertura o tal vez algo mas, en mi caso 27 pulgadas y media que por seguridad aumento a 28 como se ve en el dibujo, con lo que el spin que marca el fabricante se puede ver alterado.  A partir de ahí, tomar medidas de flexibilidad rotando el vástago sobre su eje.  Lo ideal seria marcar el punto de timonera en la parte que quede mirando al techo donde todas las flechas flexen lo mismo, independientemente de la orientación de la veta, para lograr que cada flecha flexe en vuelo lo mas parecido a la anterior y logremos agrupar. En este caso, el culatin reparte uniformemente el empuje de la cuerda haciendo innecesario el concepto medieval anteriormente explicado. Es cierto que para ello necesitamos poder realizar estas medidas con un “spine tester” de los que se pueden ver en ciertos videos en Youtube, pero si no disponemos de esa posibilidad este no es un paso que nos deba obsesionar ya que los vástagos comerciales de una cierta calidad no tienen diferencias muy notables en flexibilidad variando la posición al rotarlo en la pesada. Pero, si queremos hilar fino....
   Una vez determinado el punto de colocación de la pluma de gallo o timonera en cada flecha cortamos a nuestra medida de apertura añadiendo, como he mencionado anteriormente, un par de pulgadas de más por seguridad, y colocamos el culatin en el extremo mas recto del vastago de manera que la ranura de inserción en la cuerda respete la posición de la timonera.
Ahora pasamos al peso de punta.   Al disparar una flecha, la punta tiende a quedarse en su posición de reposo por la inercia, que será mayor cuanto mas pesada sea y viceversa, factor que junto a emplumado y empuje de cuerda dará una flexibilidad algo diferente a la flecha que la determinada al espinarla entre dos soportes. A esto se le llama "spine dinámico". De esta manera solo nos resta experimentar con distintos pesos de punta hasta dar con la idónea. Podemos estimar que el peso idóneo de la punta seria igual a 1/3 del peso de la flecha sin punta. Si hay mucho peso, la flecha se vuelve mas flexible y vuela hacia el lado contrario al de la ventana del arco, es decir, se clavaran a la derecha del objetivo en arqueros diestros (que tienen la ventana a la parte izquierda) o a la izquierda en arqueros zurdos. Si por contrario, la flecha es rígida por un peso de punta escaso, la flecha volara y clavara hacia el lado contrario en cada uno de los anteriores casos. Hay que buscar la punta que nos permita agrupar las flechas en el centro del objetivo. (ver " SPIN Y PARADOJA ").

También es conveniente comprobar que el centro de equilibrio de la flecha esta adelantado respecto a su centro geométrico. Es el llamado F.O.C. (Front of center) y es una variable que expresa lo adelantado que esta el centro de equilibrio. Se busca con la formula que se detalla junto al grafico y es conveniente que no sea inferior a 6 en tiro a distancias cortas (aplicable a arco tradicional). En distancias de arcos de precisión (olímpico, por ejemplo) se requieren FOC mas altos, pudiendo llegar al 16 para que la flecha concentre su peso tan en la punta como sea posible.


Ahora es el momento de emplumar. Para tradicional, lo suyo es colocar pluma natural, la cual se encuentra en varios perfiles y tamaños. El perfil no es relevante mas que por gustos personales, pero la altura y longitud de la pluma si que influye en el vuelo. Emplumados grandes hacen que la flecha se frene antes y también son útiles para que una flecha con un FOC bajo aguante su trayectoria mas tiempo al frenar la cola y levantar la punta de la flecha.

Con estos datos, es cuestión de hacer pruebas para dar con la flecha mas adecuada. Cuesta un poco, pero los resultados merecen la pena.