miércoles, 23 de mayo de 2012

La estructura de una pluma

Escucha mientras lees y piensa después

Uno de los placeres que me proporciona esto de la arquería es la confección de flechas.  Me resulta tan respetable como extraño que una persona a la que le guste esto de los arcos no sienta al acabar las flechas una sensación semejante a la que experimentábamos de pequeños al estrenar una libreta de gusanillo de las gordas. Ese olorcito a papel nuevo nos incita a proponernos una vez más mantener impoluta esa libreta a lo largo de su uso, aunque en tu interior sabes que acabará hecha un asco, que tu maravillosa caligrafía de inicio se relajará y que sus páginas acabarán por albergar infinidad de tachones y serán habitadas por mil dibujitos que poco o nada tendrán que ver con las tediosas clases. Conocí a un tipo que a aquel estreno le llamaba "el orgasmo abstracto".
Igualmente, sabes que tus flechas acabarán mal inevitablemente. Si agrupas los impactos, puede que unas rompan a las otras, si fallas tal vez se estrellarán contra algún pedrusco que convertirá sus marcas de guerra (vamos, los arañazos de la madera que se producen con el uso) en astillas para la paella o que perderás para siempre entre la vegetación de un bosque. A pesar de esa certeza, empiezas esa libreta que son tus flechas con buena letra, pausada, espinando el vástago, colocando con mimo (y con pegamento) puntas y culatines y por fin las deseadas plumas.



¡Ah...las plumas!, ese diseño de la naturaleza cercano a la perfección, que se unirá a la madera de cedro de aroma evocador, la misma madera que dejó ese peculiar aroma grabado a fuego en nosotros al sacar punta a los lápices de colores de nuestra infancia. Que maravilla.
Deslizar las yemas de los dedos por el borde de la pluma una vez pegada es una agradable sensación, una cosa tan delicada y tan firme a la vez. Tan indispensable para nuestras flechas. La pluma es un prodigio de la evolución.
Del raquis, o nervadura central, nacen unos filamentos llamados barbas y de cada barba, una bárbula repleta de pequeños microganchos que se unen unos a otros recordándonos que se trata de un velcro natural. Si las barbas se separan, una caricia con los dedos y se vuelve a cerrar la herida. Algo así tenía que haber sucedido cuando de crios nos pelábamos las rodillas y nuestras madres en un claro caso de intrusismo profesional nos limpiaban un poco y nos sonaban los mocos del disgusto, mientras repetían la frase curativa por excelencia, "Sana, sana...culito de rana......"   Y todo esto sin juramento hipocrático. Valía para todo.

Los malos momentos que está pasando nuestro avanzado y no obstante fracasado modelo social nos fuerzan a depender en gran medida de los demás, así que me ha dado por pensar que somos como esos pequeños ganchos de las bárbulas, que no son nada sin otros ganchos similares cerca de ellos, perdiendose la efectividad del conjunto. Me parece que nos tenemos que rodear de gente durante toda nuestra vida. Gente que nos ayude a cerrar las heridas que se van produciendo a lo largo del tiempo en la pluma, gente a la que apreciar, a la que querer y a la que estar dispuestos siempre a tender la mano.
Familia, trabajo, amigos, o simples conocidos. Gente que desfila por tu vida a veces con pena y a veces con gloria, gente que entra y gente que sale...incluso gente que vuelve, gente que deja una huella imborrable y gente que no tanto.

Puede que tengamos que aprender de una simple pluma que valen más los pequeños apoyos entre ganchos de diferentes bárbulas que cualquier otra cosa, y que la manera de avanzar sin caerse radica en eso, en tu círculo de gente. Claro que fallamos, no siempre resulta fácil reparar una pluma, pero si nos rodean los ganchos adecuados, al final, todo se puede arreglar, incluso este desastre de pluma que hemos organizado entre todos.

Y tú que estás leyendo esto, ríete lo justito. Seguramente soy un optimista y un ingenuo a partes iguales, pero nunca me ha llevado a nada bueno mostrarme negativo y esquivar al personal. Sal a la calle, paséate por un parque, busca una pluma y obsérvala.

A lo mejor descubres cosas.