domingo, 25 de marzo de 2012

FISMELLE O DISTANCIA DE ENCORDADO

Musica relajadita, que el tema tiene miga...


Por segunda vez, me voy a animar a compartir en este blog los conocimientos más bien escasos que voy adquiriendo acerca de aspectos técnicos del tiro con arco. Esta vez me apetece hablar del FISMELLE o distancia de encordado, siendo esta distancia uno de los parámetros básicos para obtener un buen rendimiento de nuestro arco.

Esto no se logra con un fismelle equivocado

El FISMELLE o BRACE HEIGHT es la distancia que existe entre la cuerda y la parte interna de la empuñadura del arco, es decir, la que marcaría el eje de pivotación del mismo. También se le llama "distancia de encordado" y el ideal es el más corto posible con el que logremos buenas agrupaciones.
Cada arco es suministrado por el fabricante con unos datos y especificaciones entre los cuales debe estar el fismelle óptimo para ese arco en concreto, no obstante, hay quien desconfía de estos valores y prefiere buscar por si mismo el valor de fismelle adecuado a su arco. Por lo general el fismelle aceptado como cercano al ideal en longbows es de 7 pulgadas y en los recurvos de 8 pulgadas, aunque, dependiendo de la longitud y diseño del arco, se producen variaciones.

Fismelle corto y fismelle largo.

Evidentemente, la medida de fismelle depende de la longitud de la cuerda... Una cuerda demasiado corta provoca una separación excesiva entre cuerda y arco (fismelle largo) y una cuerda excesivamente larga acorta el fismelle, acercando la cuerda al arco más de lo debido.
Ambas posibilidades producen disparos defectuosos ya que en el fismelle largo la flecha se desprende de la cuerda prematuramente de la cuerda al tener esta un recorrido más corto que el previsto por el fabricante.  A la inversa, un fismelle corto hace que la flecha se desprenda de la cuerda más tarde de lo debido al hacer ésta un recorrido mayor del necesario, saliendo la flecha despedida en un punto en el que el culatín está demasiado cercano al cuerpo del arco.
En los arcos recurvados aparece en la cara interna de la punta de ambas palas una acanaladura que suele servir como referencia para conocer el fismelle aconsejado para ese arco. Para ello la cuerda debe reposar sobre esa acanaladura ocultándola en su totalidad, perdiendo el contacto con la pala en el punto donde la acanaladura termina. De todas maneras y aunque resulta bastante aceptable no deja de ser orientativo.
Los arqueros medievales tenían un método para determinar el fismelle correcto de sus longbows, el cual muestro en la imagen de abajo. La lógica de este sistema radica en que un arco largo deberá usarse con un fismelle mayor que un arco corto. Un arco largo será usado por un arquero de mayor envergadura física por lo tanto, con manos más grandes (al menos, así debería ser) por lo tanto cubrirá mejor la medida de fismelle necesaria para su arco. Lo mismo para un arquero bajito…manos mas pequeñas, arcos más cortos, fismelles más cortos.


Sistema seguido por los arqueros medievales.

Efectos de un fismelle erróneo

Equivocarse en el fismelle provoca efectos nocivos en el tiro, ya que el rendimiento óptimo del arco desaparece, fallando velocidad inicial, aceleración y  spin , que es como ya sabemos, la mayor o menor flexibilidad del vástago de la flecha.
Aquí observamos un fenómeno curioso. En principio, puede parecer que un fismelle corto, al estar mas tiempo la cuerda empujando la flecha obligaría a esta a flexar más, pero es justamente lo contrario y viceversa. Todo ello va en función del empuje inicial y no tanto en el tiempo durante el cual cuerda y flecha avanzan juntos. La explicación es más sencilla de lo que parece. Si la cuerda es corta, estando el arco en reposo las palas ya almacenan más energía de la prevista al estar algo dobladas y al soltar la flecha ésta recibe un empuje inicial excesivo, experimentando una velocidad inicial muy alta de salida, lo cual obliga al vástago a flexar demasiado debido a la inercia que se opone a su puesta en movimiento, que aumenta al aumentar también el empuje inicial.  A pesar de ello, la flecha pierde velocidad muy rápido. También observamos que la flecha sale del arco más limpiamente debido a que la cuerda avanza con menos oscilaciones.
Por otro lado, si el fismelle es corto a causa de una cuerda larga, las palas rebasan en su avance el punto idóneo sobre el que desarrollan su empuje y ese excesivo avance impide que la fuerza necesaria para el vuelo de la flecha sea desarrollada, confiriendo una mayor rigidez a la flecha. Esta exagerada aproximación de la cuerda al arco magnifica los posibles errores de la suelta.


En este gráfico se puede ver el efecto que provoca en la flecha un fismelle corto, el correcto y el largo.
La marca verde nos indica el lugar en el que la flecha se desprende de la cuerda y empieza a volar, marcando el punto rojo el fismelle correcto. Como se puede observar, en el ejemplo 2 ambos coinciden y por lo tanto la flecha empieza su vuelo en el punto preciso. No sucede lo mismo en 1 y 3. Como se puede apreciar en el dibujo 1, la flecha acompaña a la cuerda durante un trayecto mayor, hasta que ésta se frena, desalineandose totalmente. Lo contrario ocurre en el dibujo 3, en el que se puede ver como la flecha inicia su vuelo antes de llegar al punto correcto en rojo, desalineandose igualmente, aunque esta vez a la izquierda.



Un aplauso para ti si lo has pillado, que con esta explicación.....  hasta la próxima!!!

domingo, 11 de marzo de 2012

Simplemente amigos.

Temita musical de acompañamiento


Hay quien dice que cualquier tiempo pasado fue mejor. Hay quien pregona todo lo contrario.  Yo digo que cualquier tiempo pasado sólo fué diferente y tuvo sus más y sus menos y que si puedo recuperar de alguna manera esos "más" debo hacerlo porque resultará satisfactorio y me pondrá una sonrisa en la cara. Los "menos" se quedan en el pasado y que no se les ocurra moverse de ahí.  Puestos a recuperar, hay algo que me resulta especialmente grato y no es otra cosa que reencontrarme con los viejos amigos de adolescencia, con los cuales compartí risas, enfados, clases interminables, absurdas preocupaciones típicas de mocosos por madurar, deporte, cafetería, ojeadas de culitos de orgullosisimas niñatas, aspiraciones lejanas, ideas confusas y muchas bromas. A ver si ahora nadie ha dibujado nunca un pene a bolígrafo en el libro de texto de un colega...
Lo lleva la edad, ser un tocapelotas, ingenuos pero tocapelotas.
Este domingo se ha repetido una de las reuniones que muy de tarde en tarde organizamos y a las que afortunadamente cada vez se van uniendo más amigos.
En tres décadas una persona cambia mucho, pero me resulta curioso como cuando les ves nuevamente no ves al adulto camino de los cincuenta, con menos pelo, pasado de kilos, algo arrugado y con las marcas de latigazos que te va dejando la vida.  Lo que ves detrás de esas caras es al amiguete que parece volver a sentarse contigo a repasar esa lección que no hay manera de aprender o que aparece con una pelota bajo el brazo, al que viene a contarte un chiste guarro o a darte una colleja si te pilla desprevenido.
Solo por joder. Panda de delincuentes.

Saludos efusivos con miradas limpias de asombro acompañadas del típico "Tío, estas igual".
No, no estas igual, nadie está igual, pero me alegro de que estés y que hayas venido.
Y entonces tratas de resumir tus treinta años pasados sin saber como empezar, interesándote sinceramente por esos mismos treinta años pasados en el pellejo de tus amigos, aunque sabes que se trata de resúmenes imposibles, así que te limitas a recordar anécdotas de aquellos tiempos y a preguntar si alguien sabe algo de éste o de aquel compañero de los muchos que no han venido, en la certeza de que sólo tenemos un rato para tomar algo y charlar animadamente antes de reintegrarnos a la cotidianeidad de nuestras vidas. Pero eso basta, tus amigos están ahí todavía y eso es bueno, eso me gusta.

Despertamos días pasados que no llegaron a dormirse profundamente.  Creo que las amistades que son para toda la vida son las que hacemos en la adolescencia. Capullos inexpertos que se abren a la vida creyendo que un día se la comerán, hasta que el tiempo nos dice que cuidadito, no sea que la vida nos coma a nosotros, así que lo dejamos en tablas y aprendemos que casi siempre hay que conformarse con la búsqueda de vidas más sencillas de las que esperábamos, en las que caben más y mejores cosas de lo que nunca imaginamos.  Algo tan sencillo y complicado a la vez como puede ser colgarse de un teléfono y marcar el número de un amigo al que hace un millón de años que no vemos y decirle..."Hola, tío. ¿Sabes quien soy?"