viernes, 16 de noviembre de 2012

Una flecha frente al mar

¿Qué sería de nosotros sin la música? 



Hacía tiempo que no me quedaba a solas.  Allá donde voy tengo compañía, pero esta tarde ha sido diferente. Esperaba encontrar gente usando sus arcos en el campo, pero nada. La tarde estaba plomiza y triste y, con todo, se hacía agradable entrenar. Supongo que la soledad te permite concentrarte más profundamente, tensar el arco, respirar profundamente y sentir únicamente la brisa que corre por tus orejas. A veces resulta saludable un poco de soledad, especialmente si se busca y aunque, como digo, no era lo que buscaba esta tarde, ha sido lo que me he encontrado. Disfrutemos pues de la circunstancia.
Quedarse a solas en un sitio así tiene algo de particular y no es otra cosa que permitir que la mente empiece a repasar cosas. Imagino que es algo imposible de evitar. A veces es un repaso de vara en el lomo por cosas que nunca debiste hacer pero hiciste o cosas que debiste hacer y no hiciste. Otras en cambio son gratificantes y te reafirman ese punto de ego que todos tenemos en mayor o menor medida.  Y la brisa del mar sigue azotando en la nuca como si supiese que te estas calentando la cabeza y necesitases un refresco.
A veces uno analiza su estado de cuentas anímicas y en un torpe intento de hacer balance va extrayendo conclusiones acerca del entorno del que se ha rodeado, amigos, familia, compañeros de trabajo o simples conocidos. A fin de cuentas lo importante son las personas y tu forma de relacionarte con ellas, porque ello determinará tu forma de ser y yo creo que hasta tus éxitos y tus fracasos.
Y las flechas siguen volando.
Y te preguntas si tu trabajo es lo que querías, si te satisface...si lo conservarás.
Y mis dedos sueltan la cuerda de nuevo y otra flecha rasga el aire.
Cargas otra flecha y antes de tensar tratas de imaginar cómo te ven los demás. Piensas en si tienen expectativas de alguna clase acerca de ti o si les da igual y sólo quieren que seas tal y como eres y esas personas te ven.
Una nueva flecha va a reunirse con sus hermanas.
Una pausa...estoy agrupando bien los disparos...puede que el estrés cotidiano esté volando detrás de las flechas.
Sigue sin aparecer nadie. La tarde está desapacible y está empezando a oscurecer. Lo más práctico será desmontar el equipo, subirme al coche y abandonar el campo, que para hoy ya está bien. Mis codos están algo cansados y los dedos que sujetan la cuerda me confirman que lo mejor es dejarlo por hoy. He hecho volar más flechas de las que me parecía seguramente por que mi mente estaba en otras cosas, y no obstante, no lo he hecho del todo mal. Bueno, hay días y días y como suelo decir, algunos te equivocas y lo haces bien.
Antes de montar en el vehiculo, me paro unos momentos a contemplar el mar. En estas fechas y a estas horas está movido y la verdad es que impone respeto. A pesar de ello, su contemplación sigue siendo un espectáculo para el que no hay que sacar un ticket.

Voy conduciendo de vuelta y decido parar en la sala en la que entrenamos a cubierto. Ya he tenido un buen rato de soledad y no quiero más, así que llego, entro y allí encuentro a varios amigos a los que me uno y vuelvo a la liturgia de los comentarios acerca de formas de tirar, de emplumados y pesos de punta, de temas técnicos y de lo malos que somos. Mientras tanto,  mi arco sale de nuevo de su funda y mis flechas regresan al carcaj. Los pensamientos de hace un rato ya se han quedado atrás.

Aunque tal vez...no todos.

Y desde la puerta un pequeñajo con una raqueta y una pelota de tenis nos mira con cara de asombro.  Es poco público, pero es el mejor de todos y te hace olvidarte de que hace un rato estabas solo, como una flecha frente al mar.

domingo, 21 de octubre de 2012

BOSQUE, BARRO Y FLECHAS

Lo prefiero con banda sonora 




Cargamos los arcos en el coche y el resto del equipo con las reservas que nos genera el tiempo tormentoso en el que estamos. Veremos si no nos mojamos. Anoche enceramos las cuerdas, revisamos y reparamos pequeños desperfectos en las flechas, y preparamos el material como otras veces.  Es de noche todavía y tenemos un buen puñado de kilómetros por delante hasta llegar a Pina de Montalgrao, pero el premio merece el madrugon dominical, que no es otro que pasar una mañana recorriendo el bosque en busca de nuestros objetivos con forma de animal y hacer volar nuestras flechas hacia ellos, con el animo de ser certeros y puntuar alto. Veremos si somos capaces. La autovia mudéjar nos conecta en un tiempo más que razonable con el desvío hacia nuestro destino. Como esta vez es de noche todavía no podemos contemplar el paisaje plagado de aerogeneradores, como mucho vemos las balizas luminosas que los señalizan.
Llegamos a Pina amaneciendo y de nuevo comprobamos que tenemos bastante olvidada la tranquilidad de los pueblos que quedan lejos de las grandes ciudades. Cruzamos el municipio sobre nuestros vehículos y llegamos a la embarrada zona donde se reúnen l@s arquer@s. Menuda cayó anoche aquí. No somos los primeros ni en broma.  Se ve buen ambiente. Gente arriba y abajo cargados con sus arcos y sus carcajs llenos de flechas de las que más de una se quedara a vivir en este bosque. Hay ganas de comenzar, pero primero hay que consultar las listas y organizar las patrullas. Mejor montaremos el arco y nos cargaremos a cuestas el equipo necesario. Mientras monto la cuerda en el arco, no puedo evitar sentirme algo nervioso al sumergirme en este bullicio, aunque me siento en mi salsa. Es como si fuesen a empezar sin mi, a pesar de que se que todavía queda un rato de relativo caos, de saludos a gente conocida y de gente que busca un lugar para aliviar sus vejigas, cosa que haremos contra un pino y a escondidas. Recurvos, longbows, mecánicos....y el raro, una vez mas yo, el que no podía conformarse con lo de los demás y se agencio un arco húngaro que el personal identifica erróneamente por su parecido con un arco mongol.  "¿Mongol?” - me pregunta mas de uno, a lo que yo debería contestar "No, soy español, lo que pasa es que pongo ojitos de mirar de lejos", pero acabo procurando no ser graciosillo y contestando con educación a las preguntas acerca del arco que me van formulando.

Reunimos como podemos la patrulla de cuatro personas y decidimos tirar unas flechas de calentamiento a los dados de foam que se han colocado al efecto. Decenas de flechas clavadas peligrosamente cerca las unas de las otras, como buscando un "Robin" que nadie desea, que cargarse alguna flecha ya seria comenzar con mal pie.

Mejor el barro del bosque que el de la ciudad

Se nos asigna un objetivo por patrulla así que ocupamos todo el recorrido formando pequeños grupos, ansiosos por que el silencio del bosque sea roto por el silbato que marca el inicio de nuestra marcha a través de pinadas espesas y monte bajo,  aquel que nos indica que pongamos una flecha en el arco, lo tensemos, que encaremos y que hagamos volar por el bosque cientos de flechas mientras respiramos aire puro al lado de gente que comparte con nosotros el gusto por un arte que en mayor o menor medida tenemos grabado en nuestra memoria genética, estoy convencido de ello.
El silencio del lugar se presta en ocasiones a escuchar como el aire acaricia los emplumados y los hace sonar mientras la flecha vuela. Es un sonido que me gusta casi tanto como el tranquilizador "toc" que nos dice que hemos alcanzado el blanco, que puntuamos y que no tendremos que buscar la flecha o lo que quedase de ella.



Una mañana entera para arriesgar nuestras flechas en ochenta disparos que nos sabrán a poco, pero que nos llenaran mucho si los efectuamos correctamente.

La patrulla precedente ha abandonado su objetivo y nosotros llegamos a el.  Mi turno. Conecto mi bota con la piqueta de marcaje y coloco una flecha, me concentro en la zona de impacto, abro despacio y encaro el arco con una cierta tensión nerviosa. No conozco la distancia, no me importa. Me debe guiar mi instinto, mi escasa experiencia en bosque y mi coordinación. Será como hacer un triple en basket. Mis dedos se relajan y durante un instante demasiado fugaz para mi gusto la flecha y mi pequeña descarga de adrenalina vuelan hacia el blanco con la esperanza de alcanzar la zona vital del animal, cosa que buscare repetir una y otra vez hasta agotar mis disparos con el animo de regresar a casa con la sensación de haberlo hecho un poco mejor que la vez anterior.

domingo, 7 de octubre de 2012

FABRICANDO FLECHAS DE MADERA

Un poquito de Loreena McKennit


Desde que practico el tiro con arco he podido comprobar que encontrar la flecha que se aproxime a la perfección es una tarea casi imposible. Cada persona consultada tiene su propio criterio, así que entre unos y otros te llenan la cabeza de datos y detalles que en ocasiones son acertados y otras auténticos disparates. También hay quien te aconseja bien, pero sin poder o saber razonar ese dato, de manera que no lo entiendes (o no te convence) y lo almacenas junto a los despojos de explicaciones anteriores.



Tal vez esta circunstancia sea la que lleve a más de uno y a más de una a dedicarse a testar con su propio arco las flechas que otros compañeros se han arriesgado a probar, ya que con cierta frecuencia aparecen en el mercado tubos de características supuestamente novedosas.  Si funcionan bien, se piden las mismas y arreglado y que me las manden montaditas, por favor...  Seguramente esas personas no desconocen el modo de hacer sus propias flechas y que entienden la manera en que la física actúa sobre ellas en vuelo, pero se dejan llevar por la comodidad. Bueno, es otra forma de enfocar el tema, pero en mi caso no concibo que otros me hagan las flechas por que si es así, acabare por olvidarme de dos de los aspectos más importantes de esta afición, de cualquier afición: equivocarse para aprender y ser tan autosuficiente como sea posible.

Por lo general, esto se da principalmente en arquer@s que usan habitualmente flechas con vástagos de aluminio, carbono o combinación de ambos y no deja de ser una forma valida de llegar a conclusiones, aunque para mi gusto un poco incompleta.

A diferencia de los vástagos de madera, que son macizos, las flechas de aluminio y las de carbono son tubos huecos que se fabrican en diversos calibres y distintos  grosores de pared de tubo. La ventaja de estas flechas radica básicamente en su ligereza dando un buen rendimiento a la flecha, sobre todo en velocidad, aunque no debemos olvidar que están sometidas a las mismas leyes físicas que las de madera, sea esta de cedro, abeto blanco u otras como la caña de bambú que a pesar de ser una caña hueca, en estos calibres queda con una cámara de aire muy reducida.

A pesar de todo lo dicho, un servidor es de madera (mira, como pinocho) y para explicar el montaje de flechas me centrare en este material si el serrín de mi cabeza no me lo impide. Por supuesto aquí no voy a tratar de verdades absolutas, de hecho, con toda seguridad lo que apunte en esta entrada será discutible, pero es mi manera de elaborar flechas y tengo que decir que no me ha dado mal resultado.

El primer factor a tener en cuenta será el peso mínimo de la flecha acabada. Es muy importante ya que si la flecha es excesivamente ligera se corre el riesgo de que se produzca - en cierta medida - el efecto de suelta en vacío que podría dañar el arco. Y...¿cual es el peso mínimo que nos ofrezca seguridad? Al menos 6 grains por libra real de potencia. Para ello debemos tener en cuenta que una cosa es la potencia que el fabricante del arco nos marca para una apertura de 28 pulgadas y otra distinta es la obtenida a nuestra apertura, que puede ser sensiblemente menor, con lo cual obtendríamos aproximadamente 3 libras menos por pulgada de menos y viceversa. . Lo que procede es pesar el arco a nuestra apertura y averiguar esa potencia real para adquirir los vástagos con la flexibilidad (spine) mas adecuada.
Conocida dicha potencia la regla es sencilla. Imaginemos que usamos un arco al que sacamos 50 libras de potencia real.   50 # x 6 grains = 300 grains (aproximadamente 18 gramos).

Todo el peso que exceda esos 18 gramos puede estar de más, aunque en madera será difícil evitar un cierto "sobrepeso". Ese peso de más contribuye a que la flecha disparada caiga antes de lo deseable, aunque solo es notorio a distancias largas y además "vacía" de energía las palas del arco, dando un nivel de seguridad mayor y una mayor durabilidad del arco.

Si se tratase de tubos de aluminio o carbono podríamos cortar la medida deseada, la cual debe estar al menos 1,5 o 2 pulgadas por encima por el eje de pivotación del arco en la ventana (por seguridad) para evitar los peligros de una sobreapertura de los tirones en momentos de cansancio y colocar punta, culatin y emplumar, ya que cualquier posición en la que pongamos la flecha en la emplumadora será valida.

Pero tratamos con vástagos de madera y eso cambia las cosas.

Los potentes arcos medievales europeos desarrollaban un tremendo empuje sobre el culatin tallado en la misma madera y ello obligaba a buscar la forma de que no los partiese en dos metiéndose entre dos líneas de veta de la madera. Si miramos un vástago de madera en sección se aprecian unas rayas que suelen ser producto de la herramienta que lo ha cortado, pero eso no es la veta de la madera. Si lijamos esa parte con una lija fina aparecen unas líneas finas mas o menos paralelas entre si que son la veta de la madera. Pues bien, en su momento se buscaba que la cuerda empujase todas las líneas a la vez para evitar la fractura de la flecha en el disparo (ver dibujo). Además era frecuente que se reforzasen con una lámina de cuerno para mayor seguridad.





Hoy se simplifica el montaje de flechas indicando que se proceda de igual manera para buscar "la parte mas dura de la madera", tomando dos medidas como se detalla en el dibujo de arriba, con las vetas en vertical y girando 180 grados para tenerlas del revés, marcando la timonera en la parte de arriba en la medición que nos de mayor flexibilidad en el vástago.  Pero eso puede funcionar...o no, por que corremos el riesgo de que nuestras flechas queden excesivamente rígidas. Es un procedimiento que funciona, aunque se puede afinar más del modo que explico a continuación.
 




La mejor manera de determinar en que posición debemos emplumar debería ser el siguiente.
Teniendo en cuenta que las potencias de los arcos vienen dadas para una apertura de 28 pulgadas (aunque hay quien mantiene que en arcos de fabricación coreana es a 29") deberemos colgar el vástago sin cortar entre dos soportes distantes entre si esas 28 pulgadas ( podemos hacerlo entre dos alcayatas) y colgar en el centro un peso de 900 gramos (dos libras aproximadamente) aunque en el dibujo he puesto 880 gramos debido a que hasta la fecha era el peso que colocaba y que parecia aceptarse en mi entorno arquero.  Tras hacer infructuosas averiguaciones y observar como hay quien esa distancia entre soportes la reduce a 26 pulgadas (que es la utilizada por el fabricante de los vástagos al medir su spin) y que hay quien la aumenta a 29 he concluido que lo correcto deberia ser que esa separacion entre soportes sea la longitud real a la que vas a dejar el vastago, que puede ser tu apertura o tal vez algo mas, en mi caso 27 pulgadas y media que por seguridad aumento a 28 como se ve en el dibujo, con lo que el spin que marca el fabricante se puede ver alterado.  A partir de ahí, tomar medidas de flexibilidad rotando el vástago sobre su eje.  Lo ideal seria marcar el punto de timonera en la parte que quede mirando al techo donde todas las flechas flexen lo mismo, independientemente de la orientación de la veta, para lograr que cada flecha flexe en vuelo lo mas parecido a la anterior y logremos agrupar. En este caso, el culatin reparte uniformemente el empuje de la cuerda haciendo innecesario el concepto medieval anteriormente explicado. Es cierto que para ello necesitamos poder realizar estas medidas con un “spine tester” de los que se pueden ver en ciertos videos en Youtube, pero si no disponemos de esa posibilidad este no es un paso que nos deba obsesionar ya que los vástagos comerciales de una cierta calidad no tienen diferencias muy notables en flexibilidad variando la posición al rotarlo en la pesada. Pero, si queremos hilar fino....
   Una vez determinado el punto de colocación de la pluma de gallo o timonera en cada flecha cortamos a nuestra medida de apertura añadiendo, como he mencionado anteriormente, un par de pulgadas de más por seguridad, y colocamos el culatin en el extremo mas recto del vastago de manera que la ranura de inserción en la cuerda respete la posición de la timonera.
Ahora pasamos al peso de punta.   Al disparar una flecha, la punta tiende a quedarse en su posición de reposo por la inercia, que será mayor cuanto mas pesada sea y viceversa, factor que junto a emplumado y empuje de cuerda dará una flexibilidad algo diferente a la flecha que la determinada al espinarla entre dos soportes. A esto se le llama "spine dinámico". De esta manera solo nos resta experimentar con distintos pesos de punta hasta dar con la idónea. Podemos estimar que el peso idóneo de la punta seria igual a 1/3 del peso de la flecha sin punta. Si hay mucho peso, la flecha se vuelve mas flexible y vuela hacia el lado contrario al de la ventana del arco, es decir, se clavaran a la derecha del objetivo en arqueros diestros (que tienen la ventana a la parte izquierda) o a la izquierda en arqueros zurdos. Si por contrario, la flecha es rígida por un peso de punta escaso, la flecha volara y clavara hacia el lado contrario en cada uno de los anteriores casos. Hay que buscar la punta que nos permita agrupar las flechas en el centro del objetivo. (ver " SPIN Y PARADOJA ").

También es conveniente comprobar que el centro de equilibrio de la flecha esta adelantado respecto a su centro geométrico. Es el llamado F.O.C. (Front of center) y es una variable que expresa lo adelantado que esta el centro de equilibrio. Se busca con la formula que se detalla junto al grafico y es conveniente que no sea inferior a 6 en tiro a distancias cortas (aplicable a arco tradicional). En distancias de arcos de precisión (olímpico, por ejemplo) se requieren FOC mas altos, pudiendo llegar al 16 para que la flecha concentre su peso tan en la punta como sea posible.


Ahora es el momento de emplumar. Para tradicional, lo suyo es colocar pluma natural, la cual se encuentra en varios perfiles y tamaños. El perfil no es relevante mas que por gustos personales, pero la altura y longitud de la pluma si que influye en el vuelo. Emplumados grandes hacen que la flecha se frene antes y también son útiles para que una flecha con un FOC bajo aguante su trayectoria mas tiempo al frenar la cola y levantar la punta de la flecha.

Con estos datos, es cuestión de hacer pruebas para dar con la flecha mas adecuada. Cuesta un poco, pero los resultados merecen la pena.

sábado, 14 de julio de 2012

Al sol en Pina.

Acompañamiento "de pelicula" para amansar fieras. 
 
"Triste puedo estar solo: para estar alegre, necesito compañía".   Elbert Hubbard , Filósofo estadounidense.

"El paraíso lo prefiero por el clima; el infierno por la compañía."  Mark Twain, Escritor, orador y humorista.

"Te juro que apuntaba ahí..."   Jaime Muñoz, arquero de andar por casa.

El paraiso de un arquero


Y sucedió pues que se reunieron en los frondosos bosques del condado de Pina de Montalgrao las alegres huestes arqueras de Arc Valencia, prestas a afrontar el reto, una vez más, de orientar el vuelo de sus saetas hacia las temibles fieras inertes que esas mismas gentes habían liberado a tal fin momentos antes. Libertad poco duradera, a fe, ya que el ansia de sangre invisible hacía palpitar con mayor fuerza los corazones, deseosos de tensar los arcos. Previo al combate mortal, la alegre mesnada, tras abandonar por un corto espacio de tiempo sus monturas metálicas de cuatro ruedas, había encaminado sus somnolientos pasos hacia la posada del lugar, exigiendo el precio que la batalla demandaba y que tan necesario era antes de entablar feroz lucha. Almuerzo.

La posadera palideció de temor. El posadero guardaba una distancia de seguridad ante aquellos engendros infernales que parecían querer acabar con todo y que no hubiesen dudado en arrancar una mano que sujetase una jarra de cerveza de una medida aunque potente dentellada. Las viandas desaparecían a ojos vista, el vino y la cerveza parecían evaporarse, así como un extraño bebedizo de color oscuro cual si vino se tratase, que es dulzón y pica al pasar por el seco gaznate. Cacaculo, creí entender.
En los últimos tiempos diríase que los brujos y hechiceros maldicen nuestra dieta con brebajes preparados en las calderas del mismísimo infierno, a fin de confundir nuestro buen juicio- si alguna vez lo tuvimos- y minar nuestras habilidades arqueras. Me pregunto si eso no estaría pasando ya con el vino y la cerveza sin tanto aparataje de conjuros que sueltan las lenguas a la vez que enturbian las palabras.
El oso vicioso


Abandonamos con gran alborozo el lugar, retomando nuestras cabalgaduras, indispensables para el traslado de las alimañas que nos servirán para detener nuestras flechas y afinar nuestra puntería. Los lugareños respiran aliviados al vernos marchar. Ah! Pobres infelices. Creen habernos perdido de vista a perpetuidad, creen que la pesadilla ha terminado, pero nada más lejos de la realidad. Volveremos, tras habernos cobrado nuestro precio en carne de bestia sintética, y lo haremos en bastante peor estado. La lucha es cruel y el bosque no perdona a los incautos que se internan en él. Regresaremos cansados, sucios y hambrientos de nuevo, tal vez con un menor número de saetas descansando en nuestras aljabas, pues es frecuente que algunas decidan permanecer para siempre en aquellos bosques, pero con la gran satisfacción de haber comprobado que podemos practicar esta incruenta cacería, al menos hasta que un retoño de madre de dudosa moral, prenda lumbre a los matojos y nos prive de este entorno. Ojala tan desventurada circunstancia no se diera jamás.


Amparo progresa adecuadamente
Acabamos la tirada y tras dar al feroz enemigo su justo merecido, regresamos a las bestias a sus guaridas, en la morada de Maese Vicente Murria, amigo y maestro arquero, al cual han reclamado obligaciones mayores y no nos acompaña hoy para decepción de los que apreciamos su entretenida compañía.

Cuando nos vean aparecer de nuevo en la villa, cual herejes vomitados por el averno, deberían haber preparado - si en algo estimasen sus vidas - una sabrosa paella del lugar, que será regada generosamente con las bebidas a las que antes hice mención. Tal vez una jarra de sangría acompañará nuestra mesa y apagará nuestra sed. No es esa la sangría que busca provocar un arquero, pero es la que hay, además sabe mejor al paladar y está fresquita.
Más tarde, nos regalaremos con un postre y crearemos la confusión con un laberinto de órdenes para los cafés que ni el más avezado nigromante descifraría.  Todos queremos degustar bebidas espirituosas que nos levanten el ánimo tras el salvaje combate, pero tememos no mantener nuestras cabezas frías y en serenidad ante la posibilidad de ser emboscados a nuestro retorno al hogar por los alegres hombrecillos de verde del Conde de Trafico, (que los Santos del Cielo confundan su entendimiento), siempre ávido de recaudar el diezmo del chispazo al volante. A pesar de ello, algunos arqueros y más de una arquera, sucumbe al pecado se abandona a  la tentación de sentir en su garganta como quema el licor que se desliza por ella. Al menos tres cuartas partes de las gentes de armas lo hacen con presteza...somos débiles ante el alcohol.
La verdadera razon de todo

 Al fin y al cabo, si dicen que en los primeros tiempos de la orden templaria, los monjes guerreros montaban por parejas y a la vez el mismo caballo, ¿qué hay de malo que en nuestras cabalgaduras viajen cuatro? No. Nosotros no tenemos la dualidad monje y guerrero defensor de la fe a la vez, pero tenemos otras. Arquero y beodo, mala combinación la de armas y alcohol para gentes no curtidas en batalla.  Deberemos ser parcos en la bebida siempre que se pueda si deseamos ser pródigos en puntería. Me tomaré una Cacaculo. Desventurado de mí, pero no se puede servir a Dios y al diablo a la vez.
Pronto nos encaminamos a nuestras moradas, tan alejadas de aquel paraíso terrenal que acabamos de visitar. Nos llevaremos detrás el murmullo de los árboles, la tranquilizadora quietud del lugar, el delicioso silencio del paraje y tanto aire puro como seamos capaces de respirar, además de la satisfacción de haber cumplido en buena compañía el más sagrado deber de las gentes de armas, el buen yantar tras haber disfrutado del elegante vuelo de una flecha.



miércoles, 23 de mayo de 2012

La estructura de una pluma

Escucha mientras lees y piensa después

Uno de los placeres que me proporciona esto de la arquería es la confección de flechas.  Me resulta tan respetable como extraño que una persona a la que le guste esto de los arcos no sienta al acabar las flechas una sensación semejante a la que experimentábamos de pequeños al estrenar una libreta de gusanillo de las gordas. Ese olorcito a papel nuevo nos incita a proponernos una vez más mantener impoluta esa libreta a lo largo de su uso, aunque en tu interior sabes que acabará hecha un asco, que tu maravillosa caligrafía de inicio se relajará y que sus páginas acabarán por albergar infinidad de tachones y serán habitadas por mil dibujitos que poco o nada tendrán que ver con las tediosas clases. Conocí a un tipo que a aquel estreno le llamaba "el orgasmo abstracto".
Igualmente, sabes que tus flechas acabarán mal inevitablemente. Si agrupas los impactos, puede que unas rompan a las otras, si fallas tal vez se estrellarán contra algún pedrusco que convertirá sus marcas de guerra (vamos, los arañazos de la madera que se producen con el uso) en astillas para la paella o que perderás para siempre entre la vegetación de un bosque. A pesar de esa certeza, empiezas esa libreta que son tus flechas con buena letra, pausada, espinando el vástago, colocando con mimo (y con pegamento) puntas y culatines y por fin las deseadas plumas.



¡Ah...las plumas!, ese diseño de la naturaleza cercano a la perfección, que se unirá a la madera de cedro de aroma evocador, la misma madera que dejó ese peculiar aroma grabado a fuego en nosotros al sacar punta a los lápices de colores de nuestra infancia. Que maravilla.
Deslizar las yemas de los dedos por el borde de la pluma una vez pegada es una agradable sensación, una cosa tan delicada y tan firme a la vez. Tan indispensable para nuestras flechas. La pluma es un prodigio de la evolución.
Del raquis, o nervadura central, nacen unos filamentos llamados barbas y de cada barba, una bárbula repleta de pequeños microganchos que se unen unos a otros recordándonos que se trata de un velcro natural. Si las barbas se separan, una caricia con los dedos y se vuelve a cerrar la herida. Algo así tenía que haber sucedido cuando de crios nos pelábamos las rodillas y nuestras madres en un claro caso de intrusismo profesional nos limpiaban un poco y nos sonaban los mocos del disgusto, mientras repetían la frase curativa por excelencia, "Sana, sana...culito de rana......"   Y todo esto sin juramento hipocrático. Valía para todo.

Los malos momentos que está pasando nuestro avanzado y no obstante fracasado modelo social nos fuerzan a depender en gran medida de los demás, así que me ha dado por pensar que somos como esos pequeños ganchos de las bárbulas, que no son nada sin otros ganchos similares cerca de ellos, perdiendose la efectividad del conjunto. Me parece que nos tenemos que rodear de gente durante toda nuestra vida. Gente que nos ayude a cerrar las heridas que se van produciendo a lo largo del tiempo en la pluma, gente a la que apreciar, a la que querer y a la que estar dispuestos siempre a tender la mano.
Familia, trabajo, amigos, o simples conocidos. Gente que desfila por tu vida a veces con pena y a veces con gloria, gente que entra y gente que sale...incluso gente que vuelve, gente que deja una huella imborrable y gente que no tanto.

Puede que tengamos que aprender de una simple pluma que valen más los pequeños apoyos entre ganchos de diferentes bárbulas que cualquier otra cosa, y que la manera de avanzar sin caerse radica en eso, en tu círculo de gente. Claro que fallamos, no siempre resulta fácil reparar una pluma, pero si nos rodean los ganchos adecuados, al final, todo se puede arreglar, incluso este desastre de pluma que hemos organizado entre todos.

Y tú que estás leyendo esto, ríete lo justito. Seguramente soy un optimista y un ingenuo a partes iguales, pero nunca me ha llevado a nada bueno mostrarme negativo y esquivar al personal. Sal a la calle, paséate por un parque, busca una pluma y obsérvala.

A lo mejor descubres cosas.


sábado, 14 de abril de 2012

Los "Border Reivers"

Fondo musical, como es habitual... 

Siendo galeses e ingleses los que mejor provecho supieron obtener del adecuado uso del longbow durante la edad media, no es de extrañar que las armas de fuego no lo desplazaran fácilmente de los campos de batalla durante el renacimiento. Las armas de fuego eran caras y con bajas cadencias de tiro, así que las gentes que habitaban zonas conflictivas encontraron en el uso del arco una forma razonable de defenderse.  La frontera entre Escocia e Inglaterra, dos reinos diferenciados y enfrentados en la época mencionada, resultaba muy peligrosa, especialmente por el constante ir y venir de tropas de ambos lados que acababan con los recursos de sus habitantes, robando su comida y su ganado en el mejor de los casos, cuando no quemando sus casas y propiedades. Como resultado, las familias y clanes debieron buscar otros métodos de supervivencia como por ejemplo incursionar en territorio de otros clanes en grupos más o menos reducidos para saquear sus pertenencias y robar su ganado, o también alquilarse como mercenarios. Nacen así los "Border reivers". Reiver es una extraña palabra de difícil traducción, que parece provenir del verbo "Reive" que sería el equivalente de "robo" en inglés antiguo, palabra que procedería del la zona norte de Inglaterra fronteriza con Escocia, cuya forma era "reifen", traducible como "rufián". Así, podemos decir que los "Border reivers" eran saqueadores de frontera.

 Fueron de este modo un producto derivado de las guerras anglo-escocesas que frecuentemente asolaban la zona y su historia se extiende desde el siglo XIV al XVII en una zona en la que la ley y el orden brillaban por su ausencia, donde cada grupo mantenía lealtad tan sólo a su clan familiar. Su filosofía de vida se basaba en el pensamiento de la inutilidad de cultivar la tierra tan sólo para verla arrasada en cualquier rebrote de las hostilidades entre los dos países. Era la condena al hambre.


Estas gentes pronto se convirtieron en expertos incursores, dedicándose al robo, secuestro, incendios intencionados, extorsión y asesinato.
Se cuenta que la esposa de uno de uno de estos "reivers" le demostró que su despensa estaba vacía poniendo en su plato las brasas de la lumbre como único alimento. El mensaje estaba claro, o sales a rapiñar a los clanes vecinos o pasaremos hambre. Se trataba tan sólo de una manera más de ganarse la vida, llegando a veces a unirse clanes de ambos lados de la frontera para atacar indistintamente a otros clanes fueran ingleses o escoceses. Las incursiones eran preparadas con minuciosidad militar y podían durar varios días, aunque también eran frecuentes los asaltos nocturnos regresando a casa para desayunar..


Hot trod
 Montaban unos caballos de pequeña talla muy resistentes propios de la zona, capaces de recorrer grandes distancias a gran velocidad sobre suelo difícil.
Su equipo difería poco del usado por cualquier soldado de su época. Capacetes y morriones para la cabeza, jubones acolchados que contenían placas metálicas como protección adicional y los más ricos, armaduras de pecho y espalda, aunque resultaban bastante pesadas y embarazosas para el tipo de, llamémosle guerrilla, que practicaban. En cuanto al armamento, portaban toda clase de armas, pistolas, espadas y dagas siendo su preferida la lanza de acometida. También resulta sorprendente el dato de que muchos de ellos, sobre todo del lado inglés, usaban el arco a caballo, lo cual tratándose de longbows resulta algo chocante. Se estima que en el año 1580 se dejaron de usar. Los escoceses no tenían la tradición arquera de los ingleses y se decantaron por las ballestas ligeras.


 Existía una norma excepcional entre ellos llamada "Hot trod", y consistía en la posibilidad de perseguir y castigar a los incursores "en caliente" durante el plazo de seis días, transcurridos los cuales, debía abandonarse la persecución y represalias. Para avisar de la legalidad de la persecución, se portaba una lanza en cuya punta se colocaba un puñado de estopa encendida. Se solían ayudar de sabuesos para la persecución. En este caso se permitía cruzar la frontera legalmente y estaban obligados a unirse a la persecución todos los vecinos entre 16 y 60 años bajo pena de ser acusado de complicidad con los ladrones y ser obligado a huir como los fugitivos. Era una vida de represalia sobre represalia.
Reconstruccion moderna


El final de los Reivers.

En 1603, el hijo de Enrique Estuardo y María I de Escocia, Jacobo I de Inglaterra y VI de Escocia decidió que la frontera dejaría de considerarse como tal para pasar a gobernar un reino unido y que la zona se conocería en lo sucesivo como los Condados medios, uniendo así Inglaterra y Escocia.  Los clanes de "reivers" eran incompatibles con la nueva situación y debían desaparecer, así que comenzó una persecución real de estos llegando a ahorcar el primer año a 79 de ellos. Asimismo, los clanes escoceses se mantuvieron en su rebeldía hacia su nuevo rey, debiendo éste emplearse a fondo para acabar con ellos.  Hacia el año 1620, la paz que nunca conocieron aquellas tierras fronterizas, llegó y los "rufianes de frontera" dejaron de existir como bandas organizadas para dejar su historia escrita como parte de la del Reino Unido.

jueves, 12 de abril de 2012

El arco triangular

Musica de fondo de Armand Amar 

Desde Egipto hasta China el carro de guerra fue un arma decisiva en los campos de batalla del mundo antiguo. Curiosamente, no sucedió así en Europa, aunque podríamos hacer la excepción del carro celta, pero en realidad se trataba más de un vehículo para desplazar a un guerrero notable al campo de batalla.
Desde los primeros carros sumerios tirados por onagros hasta los excelentes carros persas que el rey Darío III enfrentó a las tropas de Alejandro Magno en la batalla de Gaugamela, pasando por los veloces carros egipcios o los pesados usados por los últimos reyes asirios, podemos concluir que el arma de carros era imprescindible para cualquier ejército, hasta que las apretadas falanges macedónicas erizadas de sarisas (lanzas de mas de 5 metros) los frenaron en suelo persa.

Ramses en su carro de guerra.

El hecho de mencionar el carro de guerra no tiene más sentido en esta entrada que hacer notar que se trataba de una plataforma móvil excelente para hacer uso del arco contra el enemigo y así lo entendieron los egipcios haciendo buen uso de esta técnica de lucha a bordo de carros ligeros y veloces, auténticos "formula 1" de la época.



No obstante, en Egipto, a diferencia de sus vecinos asiáticos, se daba una característica diferenciadora que no era otra que el tipo de arco usado.
 Los egipcios usaban el arco tallado en una sola pieza de madera, de curvatura simple, de menores prestaciones que el compuesto utilizado por sus vecinos de más allá del desierto del Sinaí. Este arco es el diseño básico africano y seguramente fue llevado a Egipto por mercenarios nubios durante el periodo predinástico, manteniéndose en uso durante todo el llamado reino antiguo. Pero Egipto no estuvo siempre gobernado por dinastías locales, hacia el 1700 a. de C. una ola de invasores provenientes de Asia menor tomaron las riendas del país del Nilo durante un siglo y medio aproximadamente. Eran llamados los "gobernantes extranjeros" más conocidos por nosotros por su nombre en griego, Hicsos. Establecieron su propia dinastía y fueron los que introdujeron en el lugar el uso del caballo y el carro de guerra, además del tipo de arco compuesto que nos ocupa. Con su expulsión, comienza una era de esplendor conocida como "Nuevo reino".

La aparición del guerrero a caballo fue desplazando paulatinamente al carro de guerra, aunque no acabó con él en su totalidad, pero lo que no cambió fue el uso del arco compuesto que dada a la alta movilidad del arquero a caballo, vio incrementadas sus posibilidades.  En el imperio Asirio se empezó a hacer uso de la arquería montada de una manera un tanto peculiar, ya que se constituyó el binomio arquero-escudero, ambos a caballo, encargándose el segundo de cubrir al primero y a si mismo con su escudo de las flechas del enemigo.
El binomio de jinetes asirios.


 A pesar de ello, el infante arquero siguió siendo una pieza clave en la guerra para los asirios. Al igual que sucedía con los jinetes montados, en los bajorrelieves se ven grupos de tres hombres en los cuales uno es un portador de un gran escudo que les protege a los tres, en tanto que los otros dos pueden ser dos arqueros o un arquero y un soldado amado con una espada. Esta parece una configuración defensiva, pero seguramente era empleada principalmente ante los muros de las ciudades que asediaban.

¿Y...cómo eran estos arcos? Los que han llegado a nuestros días son pocos y están muy deteriorados debido a la alta capacidad de degradación característica de los materiales que se usan para construir un arco. No obstante podemos llegar a hacernos una idea bastante fiable, sobre todo gracias a ciertas pinturas y relieves egipcios y a los numerosos bajorrelieves asirios encontrados en Mesopotamia con abundantes representaciones de arqueros. Como de costumbre, se refuerzan en su cara interior con cuerno y en la exterior con tendones encolados.
Bajorrelieve de arquero asirio


 De todas maneras, es frecuente que los artistas se tomen ciertas licencias a la hora de presentarnos el tema de la arquería, cosa que incluso hoy en día sucede, y debemos fijarnos en los detalles coincidentes.  Si somos capaces de dejar a un lado los relieves que muestran numerosos arqueros en actitud de combate y nos centramos en los que aparece algún rey, tanto asirio como  egipcio, se aprecia que el arco tiene unas formas bastante coincidentes dando un perfil bastante triangular, algo poco usual a nuestros ojos.
Como buen compuesto, sin encordar adquiere la forma inversa.

Curiosamente, este tipo de arco es muy diferente del arco de tipo "escita", de la zona del mar negro, diseño que acabará por imponerse con el paso de los siglos, el cual, con ligeras modificaciones sobre todo en tamaño, será usado por los persas y sucesivos imperios en la zona, hasta acabar por evolucionar hacia el excelente arco turco, uno de los más eficientes diseños de cuantos han perdurado hasta nuestros días. Nuestro protagonista desapareció, aunque como se aprecia en la foto, hay quien se atreve a recuperar su diseño tan extendido en la antiguedad.

sábado, 7 de abril de 2012

Ramree, a vueltas con los lagartos...

Algo de música... 

"....Replegarnos cruzando aquella zona de manglares no nos pareció una buena idea a nadie,  pero rendición y cautiverio no son  destino para un soldado del emperador, así que nuestro deber era combatir hasta el final en el intento suicida de unirnos al grueso de nuestro ejercito. Oscuridad. Aterradora oscuridad, agua hasta las rodillas o hasta la cintura mientras nuestras deterioradas botas se hunden en el lodo del fondo provocándonos una sensación de asco indescriptible.  Nubes de mosquitos se alimentan de nuestra sangre mientras los heridos que transportamos dejan la suya en las turbias aguas para acabar muriendo por falta de asistencia y desnutrición, o sencillamente por debilidad, infecciones y sed.
Avanzamos pesadamente a pesar de habernos desecho de cuanto equipo nos pueda ralentizar en nuestra marcha suicida. Todos estamos asustados, pero nadie admite tener miedo salvo que se le confiese a un camarada de probada confianza. El Kempei-Tai tiene oídos en todas partes y un comentario así podría ser considerado antipatriótico.


Al teniente Kuroda le mordió una serpiente y empeora por momentos. Dudo que logre salir de este infierno, ya que evidentemente era venenosa y no disponemos de antídoto alguno. La noche ha caído por completo y el horror total entra en escena. Un cabo al que no conozco desaparece violentamente en el agua lanzando un breve grito de terror.
La sangre se hiela en nuestras venas mientras adivinamos sombras que se acercan lenta pero inexorablemente. "¡Cocodrilos! ¡Son cocodrilos!" grita Amagawa, poco antes de que unas enormes fauces surjan del agua arrancándole el brazo con el que señalaba. Disparamos a cualquier cosa que se mueva, aunque a esas alturas ya sabemos que con toda probabilidad, no saldremos con vida de este lugar de pesadilla. Algunos soldados intentan abandonar el manglar, pero estamos rodeados por los británicos y son abatidos de inmediato.
Un hombre es arrastrado de un fuerte tirón hacia el agua. El brillo de la hoja de su katana le identifica como un oficial, aunque jamás sabremos quién fue ni qué pasó por su cabeza mientras el filo de la espada chocaba sobre la dura piel del reptil sin causar daño alguno.
Gritos, fuertes chapoteos, huesos que crujen, disparos...toda una sinfonía del horror en el que estamos inmersos y que acompañará de por vida a cualquiera que logre sobrevivir a semejante carnicería."



Tal y como menciono en mi perfil, soy aficionado al montaje y pintura de miniaturas, una afición que me ha proporcionado muchas horas de disfrute, abstraccion y creatividad, hasta que el inefable paso de los años me ha regalado una incipiente presbicia que me hace muy dificil enfocar para emplear los pinceles como es debido, así que debo conformarme con visitar año tras año las exposiciones-concurso que organiza la Asociación Modelista de Torrent y disfrutar de los trabajos de los mejores pintores de miniaturas, me atrevería a decir que del mundo. Al menos, los considerados como los mejores han pasado alguna vez por allí. Conoce la Asociación en este video 
El pasado año llamó mi atención una pequeña composición de figuras cuya foto ilustra la narración anterior, con el titulo "Sunset at Ramree" ( Puesta de sol en Ramree), en la que se vé a unos soldados japoneses durante la segunda guerra mundial siendo atacados por cocodrilos. Me pareció bastante probable que aquello hubiese pasado en la realidad, así que busque y encontre, y lo que encontré fué ni más ni menos que la que está considerada la mayor masacre de seres humanos provocada por animales....siempre que no entre en concurso la malaria y cosas asi.

La isla de Ramree está situada frente a las costas de Birmania y se trata de una zona separada del continente por estrechos cursos de agua y zonas de manglares.
En Enero de 1945, la guerra estaba perdida ya para un ejército japones que se batía en retirada en todos los frentes y tuvo lugar una ofensiva británica para expulsarles de Birmania. En sus primeras fases, la ofensiva buscaba apoderarse de las islas de Ramree y Cheduba para construir en ellas aeródromos de apoyo.  La guarnición de la isla de Ramree fué quedando rodeada por las fuerzas británicas y vieron como única posibilidad la retirada hacia el norte para unirse a un contingente japonés mayor. Esto suponía atravesar más de dieciseis kilómetros de zonas pantanosas. A pesar de su desesperado intento, un millar de hombres quedaron totalmente rodeados y el mando aliado les ofreció rendirse, algo impensable para el soldado japonés. La noche del 19 de Febrero, tras pasar por innumerables calamidades, los supervivientes se internaron en una zona infestada de cocodrilos marinos (el mayor reptil del planeta).
No son precisamente pequeños.

 Cuando todo acabó, los britanicos tan sólo pudieron hallar a 20 supervivientes de los cerca de 900 que se estima que se enfrentaron esa noche a su terrorifico destino.
El naturalista y miembro de las tropas británicas en ese momento, Bruce Wright, lo describió así:
“Esa noche fue la más horrible que cualquiera de la dotación del lanchón de desembarco haya visto nunca. Entre el esporádico sonido de los disparos podían oírse los gritos de los hombres heridos, aplastados en las fauces de los enormes reptiles, y el vago, inquietante y alarmante sonido de de los cocodrilos girando creaba una cacofonía infernal que rara vez se ha igualado en la Tierra. Al amanecer llegaron los buitres para limpiar lo que los cocodrilos habían dejado…del alrededor de mil soldados japoneses que  entraron en los pantanos de Ramree, sólo unos 20 fueron encontrados con vida.”
Antonio, Miguel y un servidor. Día ventoso y cola de contacto para el remate del bicho.

Y para remate reptiloide, me he animado a hacer un cocodrilo con tiras retiradas de foam para cebarnos con él en las tiradas de animales que se organizan en el club cada mes. Desde luego no ha quedado como yo hubiese querido, ( la verdad es que cuanto más lo miro, más me recuerda a un perro ) pero bueno, se hace lo que se puede dadas las limitaciones de material y de habilidades artísticas, pero bueno, para inflarlo a flechazos... ya sirve.

domingo, 25 de marzo de 2012

FISMELLE O DISTANCIA DE ENCORDADO

Musica relajadita, que el tema tiene miga...


Por segunda vez, me voy a animar a compartir en este blog los conocimientos más bien escasos que voy adquiriendo acerca de aspectos técnicos del tiro con arco. Esta vez me apetece hablar del FISMELLE o distancia de encordado, siendo esta distancia uno de los parámetros básicos para obtener un buen rendimiento de nuestro arco.

Esto no se logra con un fismelle equivocado

El FISMELLE o BRACE HEIGHT es la distancia que existe entre la cuerda y la parte interna de la empuñadura del arco, es decir, la que marcaría el eje de pivotación del mismo. También se le llama "distancia de encordado" y el ideal es el más corto posible con el que logremos buenas agrupaciones.
Cada arco es suministrado por el fabricante con unos datos y especificaciones entre los cuales debe estar el fismelle óptimo para ese arco en concreto, no obstante, hay quien desconfía de estos valores y prefiere buscar por si mismo el valor de fismelle adecuado a su arco. Por lo general el fismelle aceptado como cercano al ideal en longbows es de 7 pulgadas y en los recurvos de 8 pulgadas, aunque, dependiendo de la longitud y diseño del arco, se producen variaciones.

Fismelle corto y fismelle largo.

Evidentemente, la medida de fismelle depende de la longitud de la cuerda... Una cuerda demasiado corta provoca una separación excesiva entre cuerda y arco (fismelle largo) y una cuerda excesivamente larga acorta el fismelle, acercando la cuerda al arco más de lo debido.
Ambas posibilidades producen disparos defectuosos ya que en el fismelle largo la flecha se desprende de la cuerda prematuramente de la cuerda al tener esta un recorrido más corto que el previsto por el fabricante.  A la inversa, un fismelle corto hace que la flecha se desprenda de la cuerda más tarde de lo debido al hacer ésta un recorrido mayor del necesario, saliendo la flecha despedida en un punto en el que el culatín está demasiado cercano al cuerpo del arco.
En los arcos recurvados aparece en la cara interna de la punta de ambas palas una acanaladura que suele servir como referencia para conocer el fismelle aconsejado para ese arco. Para ello la cuerda debe reposar sobre esa acanaladura ocultándola en su totalidad, perdiendo el contacto con la pala en el punto donde la acanaladura termina. De todas maneras y aunque resulta bastante aceptable no deja de ser orientativo.
Los arqueros medievales tenían un método para determinar el fismelle correcto de sus longbows, el cual muestro en la imagen de abajo. La lógica de este sistema radica en que un arco largo deberá usarse con un fismelle mayor que un arco corto. Un arco largo será usado por un arquero de mayor envergadura física por lo tanto, con manos más grandes (al menos, así debería ser) por lo tanto cubrirá mejor la medida de fismelle necesaria para su arco. Lo mismo para un arquero bajito…manos mas pequeñas, arcos más cortos, fismelles más cortos.


Sistema seguido por los arqueros medievales.

Efectos de un fismelle erróneo

Equivocarse en el fismelle provoca efectos nocivos en el tiro, ya que el rendimiento óptimo del arco desaparece, fallando velocidad inicial, aceleración y  spin , que es como ya sabemos, la mayor o menor flexibilidad del vástago de la flecha.
Aquí observamos un fenómeno curioso. En principio, puede parecer que un fismelle corto, al estar mas tiempo la cuerda empujando la flecha obligaría a esta a flexar más, pero es justamente lo contrario y viceversa. Todo ello va en función del empuje inicial y no tanto en el tiempo durante el cual cuerda y flecha avanzan juntos. La explicación es más sencilla de lo que parece. Si la cuerda es corta, estando el arco en reposo las palas ya almacenan más energía de la prevista al estar algo dobladas y al soltar la flecha ésta recibe un empuje inicial excesivo, experimentando una velocidad inicial muy alta de salida, lo cual obliga al vástago a flexar demasiado debido a la inercia que se opone a su puesta en movimiento, que aumenta al aumentar también el empuje inicial.  A pesar de ello, la flecha pierde velocidad muy rápido. También observamos que la flecha sale del arco más limpiamente debido a que la cuerda avanza con menos oscilaciones.
Por otro lado, si el fismelle es corto a causa de una cuerda larga, las palas rebasan en su avance el punto idóneo sobre el que desarrollan su empuje y ese excesivo avance impide que la fuerza necesaria para el vuelo de la flecha sea desarrollada, confiriendo una mayor rigidez a la flecha. Esta exagerada aproximación de la cuerda al arco magnifica los posibles errores de la suelta.


En este gráfico se puede ver el efecto que provoca en la flecha un fismelle corto, el correcto y el largo.
La marca verde nos indica el lugar en el que la flecha se desprende de la cuerda y empieza a volar, marcando el punto rojo el fismelle correcto. Como se puede observar, en el ejemplo 2 ambos coinciden y por lo tanto la flecha empieza su vuelo en el punto preciso. No sucede lo mismo en 1 y 3. Como se puede apreciar en el dibujo 1, la flecha acompaña a la cuerda durante un trayecto mayor, hasta que ésta se frena, desalineandose totalmente. Lo contrario ocurre en el dibujo 3, en el que se puede ver como la flecha inicia su vuelo antes de llegar al punto correcto en rojo, desalineandose igualmente, aunque esta vez a la izquierda.



Un aplauso para ti si lo has pillado, que con esta explicación.....  hasta la próxima!!!

domingo, 11 de marzo de 2012

Simplemente amigos.

Temita musical de acompañamiento


Hay quien dice que cualquier tiempo pasado fue mejor. Hay quien pregona todo lo contrario.  Yo digo que cualquier tiempo pasado sólo fué diferente y tuvo sus más y sus menos y que si puedo recuperar de alguna manera esos "más" debo hacerlo porque resultará satisfactorio y me pondrá una sonrisa en la cara. Los "menos" se quedan en el pasado y que no se les ocurra moverse de ahí.  Puestos a recuperar, hay algo que me resulta especialmente grato y no es otra cosa que reencontrarme con los viejos amigos de adolescencia, con los cuales compartí risas, enfados, clases interminables, absurdas preocupaciones típicas de mocosos por madurar, deporte, cafetería, ojeadas de culitos de orgullosisimas niñatas, aspiraciones lejanas, ideas confusas y muchas bromas. A ver si ahora nadie ha dibujado nunca un pene a bolígrafo en el libro de texto de un colega...
Lo lleva la edad, ser un tocapelotas, ingenuos pero tocapelotas.
Este domingo se ha repetido una de las reuniones que muy de tarde en tarde organizamos y a las que afortunadamente cada vez se van uniendo más amigos.
En tres décadas una persona cambia mucho, pero me resulta curioso como cuando les ves nuevamente no ves al adulto camino de los cincuenta, con menos pelo, pasado de kilos, algo arrugado y con las marcas de latigazos que te va dejando la vida.  Lo que ves detrás de esas caras es al amiguete que parece volver a sentarse contigo a repasar esa lección que no hay manera de aprender o que aparece con una pelota bajo el brazo, al que viene a contarte un chiste guarro o a darte una colleja si te pilla desprevenido.
Solo por joder. Panda de delincuentes.

Saludos efusivos con miradas limpias de asombro acompañadas del típico "Tío, estas igual".
No, no estas igual, nadie está igual, pero me alegro de que estés y que hayas venido.
Y entonces tratas de resumir tus treinta años pasados sin saber como empezar, interesándote sinceramente por esos mismos treinta años pasados en el pellejo de tus amigos, aunque sabes que se trata de resúmenes imposibles, así que te limitas a recordar anécdotas de aquellos tiempos y a preguntar si alguien sabe algo de éste o de aquel compañero de los muchos que no han venido, en la certeza de que sólo tenemos un rato para tomar algo y charlar animadamente antes de reintegrarnos a la cotidianeidad de nuestras vidas. Pero eso basta, tus amigos están ahí todavía y eso es bueno, eso me gusta.

Despertamos días pasados que no llegaron a dormirse profundamente.  Creo que las amistades que son para toda la vida son las que hacemos en la adolescencia. Capullos inexpertos que se abren a la vida creyendo que un día se la comerán, hasta que el tiempo nos dice que cuidadito, no sea que la vida nos coma a nosotros, así que lo dejamos en tablas y aprendemos que casi siempre hay que conformarse con la búsqueda de vidas más sencillas de las que esperábamos, en las que caben más y mejores cosas de lo que nunca imaginamos.  Algo tan sencillo y complicado a la vez como puede ser colgarse de un teléfono y marcar el número de un amigo al que hace un millón de años que no vemos y decirle..."Hola, tío. ¿Sabes quien soy?"

martes, 17 de enero de 2012

EL PUEBLO ESCITA

Ambientando la historia


     "Los escitas, al igual que los cimerios, los mannei, los medas y los uqukadi entre otros, son un pueblo de pastores cuyos desplazamientos dependen de la contínua búsqueda de nuevos puntos de pasto para sus bueyes, caballos y ovejas. Son magníficos jinetes y siempre luchan a caballo siendo sus armas preferidas la lanza y sobre todo el arco, en cuyo uso son sumamente hábiles. No llevan espadas, sólo una daga larga que cuelga de su cinto y, aunque prefieren retirarse ante un enemigo poderoso, en la batalla son valerosos hasta la locura, despreciando incluso la protección de una coraza. La mayor calamidad que puede caer sobre un hombre es ser hecho prisionero por ellos, porque su crueldad es notable."

                                           Extracto del libro "El asirio", de Nicholas Guild.

Los Escitas son la primera gran tribu de arqueros montados de las estepas en causar un profundo impacto en la imaginación occidental, siendo así que mucho tiempo después de haber desaparecido como pueblo y ser sustituidos por los Sármatas, su antigua zona de influencia continuó llamándose "Escitia".
Sus típicos ropajes de diseños en zig-zag, sus capuchas y su arma más habitual, el arco, les convierten en reconocibles bárbaros en muchas piezas de cerámica griegas.


En una época en la que en Europa se combatía a pié y cuerpo a cuerpo, un guerrero que lucha a lomos de un caballo manejando un arco a una distancia segura era un concepto novedoso. El arco escita era un arco pequeño de forma recurvada y muy potente, cómodo de usar a caballo y era guardado para su transporte en un contenedor especial llamado por los griegos "gorythos", en el que llevaban tambien las flechas y, frecuentemente,  una daga.
Guerrero escita con el "gorythos" a un costado

Evidencias arqueológicas y literarias emplazan a los escitas en la zona que hoy llamamos Ucrania. A diferencia de otras olas invasoras de nómadas de la estepa, su lengua no era de origen túrquico ni estaban emparentados con turcos o mongoles. Su aspecto era indoeuropeo y hablaban una lengua de origen iránio que les emparentaba con medos y persas.  Herodoto es el primer gran cronista de los escitas en el siglo V a. de C. y gracias a él conocemos algunas de sus costumbres como la de enterrar a los reyes con sus caballos sacrificados y la utilización de cráneos de enemigos muertos para beber.
Sus contactos con los imperios y reinos vecinos enriquecieron su forma de vida nómada que jamás abandonaron, habiéndonos dejado un amplio legado arqueológico, por ejemplo hallazgos como el peine de Solokha , la jarra de Kul Oba o las piezas de la tumba de Kostromskaya, como el ciervo de oro, las cuales he tenido la suerte de poder ver en una exposición temporal del museo del Hermitage montada en el arqueológico de Alicante. Sencillamente impresionantes.

El ciervo de Kostromskaya.

El pueblo escita dominó las estepas que conectaban Europa con Asia y durante siglos fueron temidos como enemigos y apreciados como aliados por los imperios vecinos, todo dependía de la ocasión o la campaña de conquista. Junto a los cimerios, hicieron su aparición en su zona de influencia para en el siglo VII a. de C., para poco después desplazarse hacia el Sur y destruir el reino de Urartu, hechos de los cuales tenemos noticia por los textos asirios, contra los que también combatieron sin poder derrotar dada la magnitud de las fuerzas asirias. El rey escita Partatua firmó la paz con Asiria al desposar a la hija del rey Esaharddon en el 670 a. de C.
Poco después, el rey escita Madyes conduce una expedición de conquista hasta las fronteras con Egipto y más tarde, aliados a los medos, acabarán por destruir el imperio asirio en el 612 a. de C.
La destrucción de Urartu

El tiempo de mirar hacia el Sur había pasado y ahora, ante el poderío de los persas de la dinastía aqueménida, descendientes de sus antíguos aliados medos, se verán obligados a repeler invasiones, como la del rey  Dario I en el 512 a. de C.
Una vez desaparecido el peligro que venía del Sur de sus tierras, atacaron Tracia en el 496 a. de C.,pero sus incursiones no eran de conquista sino más bien de rapiña.  En el 350 a. de C. comienza la expansión Sármata, un pueblo estrechamente emparentado con ellos, que poco a poco va ganandoles terreno empujandoles hacia occidente donde en el 339 a. de C. combatirán contra Macedonia con escaso éxito. Acosados por ambos lados, se van confinando en la peninsula de Crimea hacia el año 200 a. de C. y un siglo después su civilización desaparece por completo, habiendonos llegado su legado cultural de la única forma posible en un pueblo que no tiene ciudades: en las tumbas de sus reyes.




El modo de luchar de los escitas.




Hacia el año 512 a. de C. el rey persa Darío I invadió Europa con la intención de apoderarse de Grecia, pero antes de ello necesitaba asegurarse el control de Tracia para repeler los posibles ataque de los temibles escitas. De este modo, se internó en tierras escitas al mando de un poderoso ejército, sin contar con que los escitas tenían un modo muy particular de hacer la guerra. Retiradas estratégicas, aguas envenenadas, pastos quemados...
Tras varias semanas el rey persa envió un mensajero al rey Escita con el siguiente mensaje:

   "Extraño rey, ¿porqué razón huyes? Puedes enfrentarte a mi ejercito abiertamente si te consideras lo suficientemente poderoso y caso de no ser así debes traerme ofrendas de tierra y agua y someterte a mi."

El rey escita respondió:

 "Nunca he huido de nadie, tan sólo sigo viajando al igual que hacemos en tiempos de paz. Si no te hacemos frente es porque no tenemos granjas, cultivos o ciudades que defender. Pero si tanto deseas combatir, busca las tumbas de nuestros antepasados y entonces tendrás tu respuesta. Hasta entonces, todo seguirá igual."

En lugar de sumisión y ofrendas, el rey escita envió numerosas partidas de arqueros a caballo que aniquilaban a los contingentes persas encargados de buscar aprovisionamientos. Al final los invasores, agotados y desmoralizados, no tuvieron más remedio que abandonar aquellas tierras dejando allí numerosos caidos, para centrarse en la dificil pero más provechosa conquista de Grecia.

Reconstrucción del aspecto de un rey escita.

lunes, 16 de enero de 2012

SPIN Y PARADOJA


Aunque me prometí a mi mismo no tratar temás técnicos, no he podido resistirme a explicar lo que es el spin de una flecha y cómo afecta a su vuelo, lo que nos lleva a plantear la llamada "paradoja del arquero", muy oída, pero poco explicada.  Espero conectar bien ambos conceptos.



El Spin

Cuando hablamos del "spine" o "spin" de una flecha estamos haciendo referencia a la flexibilidad del astil o vástago de la flecha tras actuar sobre este vástago unas fuerzas de deformación muy determinadas. Este valor viene predeterminado por el fabricante, tanto si se trata de un vastago de alumino, carbono, combinación de estos o si se trata de madera. Cuando se trata de los primeros materiales mencionados la flexibilidad suele venir condicionada por el grosor del tubo y su calibre, pero cuando se trata de madera, al ser un material natural, la cosa puede complicarse interviniendo además del calibre o grosor del vástago, el tipo de madera y la orientación de la veta.
Así pues, se entiende que una flecha que flexe mucho se dice que tiene un spin alto y una muy rígida un spin bajo. Por ejemplo, si la flexibilidad de un vástago, colocandole un peso de 2 libras (900 gramos) en su centro, entre dos soportes distantes entre si 26 pulgadas alcanza las 0,5 pulgadas, se dice que tiene un spin 500, que abreviamos a spin 50. Este valor es el que tomamos como referencia más inmediata para adquirir los vástagos más adecuados para la potencia de nuestro arco y nuestra apertura, tanto en calibre como en flexibilidad y es el llamado SPIN ESTATICO.
Obviamente, la flecha debe ser terminada con un emplumado y un peso de punta adecuado, con lo cual este valor de spin seguramente quedará modificado en vuelo por el empuje de la cuerda, la manera de soltar, la inercia que experimenta la punta de la flecha y otros factores como un emplumado escaso o uno excesivo. Es el llamado SPIN DINAMICO y se aplica no al vástago, sino a la flecha acabada y en vuelo y, lógicamente, no es apreciable a simple vista, por lo tanto debemos hacer ciertas pruebas con diferentes pesos de punta, calibres y tamaños de pluma hasta dar con la flecha adecuada. Es evidente que si compramos vastagos ya pesados en grains y con tolerancias muy bajas en cuanto a peso y a spin, la labor se simplifica y obtenemos mejores resultados que si realizamos una compra de vastagos a granel de un supuesto mismo spin estático.

En esta tabla se puede apreciar como a mayor potencia, menor spin o flexibilidad ha de tener el vastago y viceversa. Esta tabla sustituye a una anterior que estaba equivocada.



La paradoja del arquero

Cada actividad humana acaba por dar lugar al nacimiento de términos y expresiones propios y en cuanto al tiro con arco, simpre me ha llamado la atención la llamada "paradoja del arquero".
Una paradoja queda definida como "una idea extraña o irracional que se opone al sentido común y a la opinión general", o simplificando, una situación contradictoria.
No es una expresión que se oiga demasiado en los campos de tiro y bastantes aficionados la desconocen o son incapaces de describirla.
 Este término fué acuñado en los años 30 por un célebre estudioso de la arquería como fué el norteamericano Robert P. Elmer, el cual tuvo la idea de usar una cámara SLOW-MOTION para poder ver con claridad como se comporta la flecha al abandonar el arco. Para simplificar, trataré de explicar este efecto aplicado al arquero diestro dado que es mi caso. Para arqueros zurdos, tan sólo cambia la lateralidad de todo lo que se explique a continuación.
La paradoja en sí aparece cuando descubrimos que para acertar en el centro de una diana la flecha con el arco tensado queda apuntando ligeramente a la izquierda de la diana, produciendose un desalineamiento en correspondencia con su punto de enfleche en la cuerda, la cual sí que debe estar centrada respecto a palas y cuerpo del arco.



En este dibujo podemos ver como en el caso 1 la flecha es rigida, es decir, un spin bajo para la potencia del arco, lo cual hace que la flecha tienda a clavarse a la izquierda, ya que el efecto "paradoja" queda casi anulado. La número 2 sería la que usa el spin correcto y por último, la número 3 una flecha de spin alto o flexible en exceso con la consecuente magnificación del efecto paradoja y su vuelo hacia la derecha.


Los modernos arcos tradicionales tienen cuerpos más gruesos pero con una ventana lateral que sirve para atenuar esta desviación, además de servir de reposaflechas, pero la desviación no desaparece totalmente. De esta manera, ¿cómo es posible que la flecha alcance el centro de la diana? La respuesta está en el Spin.
Arcos de potencias bajas requieren flechas de spin alto, ya que tiene menor capacidad de flexar la flecha con su empuje. Consecuentemente, necesitamos flechas de spin bajo para arcos potentes, para obtener la flexión adecuada. En cualquier caso, no hay que tomar a la ligera el uso de una flecha de spin alto y poco peso para un arco potente ya que la potencia imprimida a la flecha la doblaría tanto que podría llegar a romperse con el consiguiente peligro para el tirador y cuantos le rodean.
De este modo, una flecha con un spin bajo (rígida) no flexará apenas y en su avance lo hará hacia el punto hacia el que se encara la flecha, o sea, hacia la izquierda del blanco, mientras que una flecha excesivamente flexible lo hará de forma inversa, con un excesivo coleo lateral en vuelo, tendiendo a clavarse a la derecha del objetivo.
Podemos añadir que una flecha con un spin equivocado no saldrá limpiamente del arco, actuando sobre ella una serie de fuerzas incontrolables que dan como resultado un vuelo errático y en ciertos casos, peligroso.
En el siguiente video se puede ver claramente lo expuesto y a cámara lenta, llegando a ser sorprendente la deformación que adquieren las flechas.

miércoles, 4 de enero de 2012

Tirando sin arco...

Como de costumbre, fondo musical. 

"Quien enseña, aprende a la vez".  
                 Séneca

Cuando los que disfrutamos del tiro con arco estamos practicando nuestro deporte podemos llegar a pensar que esta idea tan antigua y útil para propulsar un proyectil contra un objetivo es la única o al menos la mejor y posiblemente, dejando de lado las modernas armas de fuego, el arco sea el método más eficiente para impulsar una flecha, pero a veces te encuentras con que existieron otros sistemas bastante más extraños y menos extendidos para el mismo fin...y ninguno de ellos usa el arco.
En una de mis entradas, concretamente la del 17 de Octubre del 2010,  trataba el tema del propulsor de azagayas o "Atl.-atl", seguramente la más antigua de las invenciones del ser humano que aprovecha las leyes de la física para dar una fuerza extra a un lanzamiento.  Parece aceptarse que el propulsor de azagayas fué el "padre" del arco, no obstante, la imaginación del ser humano engendró otros sistemas para alcanzar el mismo fin.

Enlace a la entrada del Atl-Atl

El mundo helenístico

Por un lado tenemos el amentum, que no es más que una pequeña correa que se enrolla en el vástago de una jabalina y de la cual se tira con los dedos índice y anular mientras se sujeta el vástago con la mano. El impulso proporcionado por la extensión que forma la correa añadido al movimiento giratorio en vuelo que se imprime a la jabalina da como resultado un alcance mucho mayor, muy útil si se lanzan muchas a la vez, a pesar de la esperada pérdida de precisión. También encontramos la variante de esta técnica en el "dardo suizo", que puede practicarse con el mismo sistema pero con un proyectil de menor envergadura, como por ejemplo, una simple flecha. Seguramente no es útil más que para la caza de pequeños animales.
Forma de agarre para el lanzamiento
Propulsión tirando con los dedos

Forma de usar el Kestros
Por otro lado, encontramos el Kestros,  cuyo diseño se puede ver aquí. Se trata de una idea más elaborada, que aplica el sistema de la honda típica de lanzar piedras (tan usada en la antiguedad) al lanzamiento de pequeños dardos muy compactos, más parecidos al virote de una ballesta, a gran velocidad.  Dado que parece haber estado en uso muy poco tiempo y que por su naturaleza es prácticamente imposible que ninguno sobreviviese al paso de lo siglos, para su reconstrucción nos basamos en los escritos de los historiadores Polibio (griego) y Livio (romano). Parece haber sido ideado hacia el año 168 a.de C. y fué usado por parte de las tropas macedonias en la Tercera Guerra Macedónica, que enfrentó a griegos contra romanos, la cual finalizó con la batalla de Pydna, en la cual las tropas romanas demostraron que su forma de combatir disponiendose en versátiles unidades llamadas "manipulos" había superado a la tradicional falange macedónica que tantas victorias había dado a Grecia.

 He encontrado en YouTube un video muy ilustrativo del poder del Kestros.
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El mundo romano

Por fin, me gustaría hablar de la plumbata o martiobarbulus, un proyectil que se lanzaba directamente con la mano y que fue usado ampliamente por los ejércitos romanos durante la época final del imperio.

A pesar de que en aquel tiempo los romanos tenían aprendida la lección acerca del uso de la arquería, dotaban a sus tropas de infantería con un tipo de dardo muy compacto y contrapesado con plomo a modo del "pilum" de sus predecesores el cual se lanzaba en masa a modo de "lluvia de flechas" sobre el enemigo, siguiendo un sistema de lanzamiento muy parecido al que se podría ver en un soldado actual que lanzase una granada, balanceando el cuerpo lateralmente.   Este dardo empezó a ser usado en el siglo III d.C. y siguió en uso hasta el siglo V d.C por los legionarios romanos.
Hay evidencias escritas que indican que este arma era colocada para su rápido uso en un lateral interior del escudo del infante, pero se cree que esto sucedía solo en el momento de su uso efectivo, ya que cuesta creer que un grupo de 5 plumbatas no desequilibre con su peso el ya de por si pesado escudo, así que posiblemente serían transportadas en un carcaj o pequeño contenedor hasta el momento del combate.
Recientes reconstrucciones y uso de este arma tan peculiar han determinado que con unas dimensiones de unos 45 cm. de larga y un grosor de vástago de algo más de un cm. el alcance medio de un lanzamiento estaba en unos 60 metros, una amenaza muy a tener en cuenta por un enemigo que se aproxima.

En la  ilustración se representa una escena de la batalla de Adrianópolis,librada el 9 de Agosto de 378 d.C.que enfrentó a romanos contra godos, los cuales trataron de introducirse en tierras romanas a la fuerza huyendo del avance de los hunos de Atila. La batalla fué catastrófica para los romanos y los godos lograron sus propósitos.  El legionario de la izquierda está a punto de hacer uso de una de sus plumbatas.