jueves, 23 de diciembre de 2010

LA BATALLA DE LAS NAVAS DE TOLOSA, LA AUTENTICA CRUZADA

"Abrevaré mis caballos en el Tíber..."
                     Califa Al-Nasir, Príncipe de los Creyentes y Espada de Alá.


Ambientación musical

Como ya sabéis, me encanta la historia, especialmente la que nos retrotrae al mundo medieval, es por eso que a veces me gusta comentar algún hecho histórico que me parece relevante o tan sólo curioso. Lógicamente, siempre lo hago de pasada, ya que la facilidad para acceder en profundidad con un simple golpe de ratón a cualquier información o tema que yo pueda sugerir desde este blog es tan grande, que hace absurdo que vaya más lejos. Lo cierto es que en un momento histórico en el que vemos tantas ansias de separatismo y desunión, me apetece hablar de un hecho histórico ejemplar que vino a demostrar una vez más que la unión hace la fuerza, al liberar a los reinos cristianos de la Península Ibérica de la época de una amenaza proveniente del norte de África, materializada en el fanatismo religioso islámico de una tribu que ganó rápidamente preponderancia en tierras norteafricanas: Los Muwahidun, a los cuales, por deformación fonética nosotros conocemos como "Almohades".  En tanto que los caballeros europeos defendían las zonas conquistadas en Tierra Santa en una teórica defensa de la Fe y de los Santos Lugares, en el otro extremo del Mar Mediterráneo, los reinos cristianos de la futura España plantaban cara al fanatismo de los nuevos invasores, dispuestos éstos a apoderarse de Europa tras conquistar e islamizar de nuevo las tierras de Al-Andalus al completo.

Noble almohade, guardia y peón andalusí
En el año 1195, el ejército de la poderosa Castilla es derrotado en la batalla de Alarcos, y el rey Castellano Alfonso VIII escapa milagrosamente con unos pocos seguidores. El poder almohade crecía rápidamente, tras subyugar a sus compañeros de fe andalusíes, musulmanes como ellos, y someterlos a una tiranía y un desprecio excepcionales.
El rey castellano vio claro que con los almohades dominando la España musulmana, la convivencia iba a ser imposible. Se trataba de expulsarlos o ser sus esclavos, así que buscó el apoyo de los otros reinos cristianos.  Su primo y amigo Pedro II de Aragón, padre del futuro rey Don Jaime I, conquistador de Valencia, se unió a la causa en la medida que los limitados recursos de los que su reino disponía en aquel momento le permitieron.
Vista la gravedad de los acontecimientos, el rey de Castilla, logró que el Papa Inocencio III proclamase la guerra contra el invasor  como "Santa Cruzada", lo cual propició que centenares de caballeros europeos se uniesen a las tropas castellano-aragonesas, liderados por el Arzobispo de Narbona, el cual, convenció al rey Sancho VII de Navarra para que se uniese a la empresa. Los otros dos reinos cristianos restantes, es decir, Portugal y León, decidieron no participar en aquella guerra, aunque sí que lo hicieron caballeros de ambos reinos a título personal, salvando así a sus naciones de la deshonra que sus reyes hacían recaer sobre ellas.
La ciudad de Toledo fue el punto de reunión de los efectivos cristianos, ciudad en la que la convivencia entre cristianos, musulmanes y judíos era algo incomprensible e intolerable para los cruzados "ultramontanos", como eran llamados los de más allá de los Pirineos, los cuales se dieron el capricho de arrasar la judería de la ciudad sin ser reprendidos por el rey Alfonso, temeroso de que le abandonasen. A pesar de la indulgencia del rey, esto acabó por suceder, ya que les impidió pasar a cuchillo a los defensores de la fortaleza de Calatrava, que se habían rendido a cambio de sus vidas, cosa que habían hecho en Malagón previamente, masacrando a todo sus habitantes. Esto encolerizó a los ultramontanos, los cuales regresaron a sus países de origen, quedándose tan solo poco más de un centenar al mando del Arzobispo de Narbona.
La guerra contra los musulmanes quedaba pues, casi exclusivamente en manos hispanas.
Mientras los cruzados avanzaban hacia el Sur, las huestes de Al-Nasir avanzaban desde Sevilla en dirección a Jaén, con la esperanza de sorprender en una zona montañosa a los cristianos y acabar con ellos a placer, pero los reyes cristianos no cayeron en la trampa.  Tras distintos movimientos estratégicos , escaramuzas y provocaciones, los ejércitos se vieron frente a frente en las Navas de Tolosa, unos 26.000 cristianos enfrentados a unos 50.000 musulmanes, venidos de muchos puntos del mundo árabe, y en gran medida, soldados experimentados. Al final, el día 16 de Julio de 1212, se produjo el choque.



En una primera carga, la caballería cristiana pone en fuga a la infantería andalusí, la tropa menos preparada y "prescindible" para sus amos almohades. No obstante, muchos caballeros son descabalgados y muertos, pero viendo el cariz que tomaban las cosas y sin demasiadas ganas de hacerse matar en favor de unos gobernantes que les trataban peor que los propios cristianos, abandonaron el campo de batalla.
Llega un momento en que las mejores tropas musulmanas, ponen en serios aprietos a los cristianos, haciéndoles retroceder. Cuando todo parece perdido, se produce un hecho que ha pasado a la historia como "la carga de los tres reyes".  Conocedores del destino de sus reinos y de sus vidas si esta batalla se perdía, los tres reyes encabezaron una carga semi-suicida que infundió ánimos a sus tropas, cogiendo a los almohades, que ya creían oler la victoria, totalmente desprevenidos.
Tanto fue así, que el pequeño contingente aportado por el rey de Navarra irrumpió en la zona llamada "el palenque de Al-Nasir", una zona fortificada y defendida por la guardia negra de Al-Nasir, provenientes de Senegal y fanáticos convencidos que se encadenaban al suelo para morir combatiendo. Los navarros rompieron las cadenas que unían grandes cestos de mimbre llenos de tierra y piedras a modo de barricada y acabaron con aquellos guerreros juramentados que defendían la tienda de su califa.  Desde entonces, el escudo de Navarra muestra con orgullo unas cadenas, las que no pudieron frenarlos.
Mientras tanto, el "valeroso" príncipe de los creyentes huía del campo de batalla con unos cuantos incondicionales, logrando exiliarse al norte de África, donde moriría un año mas tarde rodeado de lujo y excesos.
Lo que siguió, solo se puede calificar de carnicería. Tras un breve "Te Deum" para agradecer a Dios la victoria, los cristianos pasaron horas dando caza a todo fugitivo musulmán, masacrándolos sin piedad allá donde se les encontrase. Nunca más el poder almohade sería una amenaza.


Las rencillas entre reinos cristianos continuaron, pero las conquistas hacia el Sur continuaron, sin que los musulmanes fuesen capaces ya de hacer otra cosa que ver reducido gradualmente su dominio peninsular.

domingo, 12 de diciembre de 2010

TIRADA EN EL SALER.....A LOS BICHOS

Musica para una buena mañana arquera

Esta de hoy ha sido la primera tirada con animales en la que participo en el campo de El Saler. No tenía muy claro el procedimiento, pero al final ha sido de lo más divertido y creo que no lo he hecho tan mal como pensaba, aunque tampoco ha sido para tirar cohetes. Bueno, al menos la mayoría de las flechas han puntuado y nulos he hecho los justitos. Eso es mi, ya es mucho decir.

Mi compañero de patrulla Esteban y yo, solo pensabamos en el almuerzo.


Tras la primera ronda de 15 animales, entre los cuales estaban los aportados por mí al club, hemos pasado al almuerzo de rigor, tan necesitados como estabamos de reponer fuerzas. Estas son las pruebas del delito:



Visto así, parece algún tipo de ritual extraño.
"Jack  Sparrow" nos miraba con hambre. Es uno más.

Mientras tanto, el equipo nos espera

Y tras reponer fuerzas, la segunda ronda.

Victoria! El león no es la única fiera que ronda por aquí.
A mí tampoco se me ha escapado el gatazo.
 En resumen, ha sido una buena mañana, divertida y satisfactoria en cuanto a resultados. Es una pasada escuchar el golpe de tu flecha contra el animal "de mentiras" y un alivio saber que no vas a tener que darte un buen paseo para buscar la flecha que pasa de largo.Me veo haciendo más animales de restos de foam, que los que tenemos están un poco deteriorados. Igual el chupacabras, o si me pongo, un Tyranosaurio, para no fallar ni de coña.

Hasta otra!

martes, 7 de diciembre de 2010

La arquería en la cultura micénica

Acompañamiento musical de lo más épico...


MICENAS

La civilización micénica comprendió un periodo de algo más de 500 años desde los inicios del siglo XVI a. de C. hasta su declive en el siglo XII a. de C. Es la perteneciente a una época mítica, muy anterior a la Grecia clásica, un tiempo que nos ha legado a sus héroes legendarios, Aquiles, Menelao, Agamenón, Hector, Ajax y el mismísimo Ulíses. El tiempo que vió como Troya era destruida.
Durante este lapso de tiempo, esta cultura evolucionó desde el rol de admirador de la más avanzada civilización minoica radicada en la cercana Creta hasta convertirse en la cultura cuyo poder e influencia acabaron por dominar Grecia y la zona del mar Egeo.
El término "Micénicos" no es una designación reconocida por los autores clásicos.  Para los griegos, sus antepasados eran llamados Aqueos, Daneos o Argivos.
Éstos eran términos que les transportaban a través de la poesía épica y numerosas leyendas. Además, este período permaneció inmerso en la leyenda hasta finales del siglo XIX de nuestra era, cuando Heinrich Schliemann, en busca del tesoro y otras pruebas físicas de la guerra troyana narrada por Homero, comenzó a excavar en el lugar de Micenas en el cual el mismo Homero situaba el trono del rey Agamenón.

La arquería micénica

Del periodo micénico se conocen tres tipos de arco: el simple "self-bow", fabricado de una simple pieza de madera; el reforzado con tendón encolado a la madera, el cual era menos propenso a las roturas y añadía una potencia extra; y el compuesto, construido laminando capas de madera, tendón en la cara exterior y cuerno en la interior, muy potente y eficiente.
Carro de guerra micénico
El fabricado en una pieza de madera es la forma más simple y antigua. La más temprana evidencia física de arcos de estas características data de finales del Paleolítico superior de hace unos 12.000 años en Europa y , posiblemente de antigüedad muy similar en la zona levantina del Mediterráneo, lo cual nos lleva a afirmar que se trata de la misma forma de arco usado por los pueblos del Egeo.  Para lograr que un arco de estas características sea eficiente, es preferible que sea largo y ello conlleva una merma en la maniobrabilidad a lomos de caballo o , como empezó a darse con cierta frecuencia, luchando desde un carro de guerra.   La experiencia obtenida por los egipcios, hititas y otros pueblos de su contexto acerca de la arquería "móvil", pudieron ser aprovechados por los micénicos adoptando de ese modo arcos compuestos, que permitían alta eficiencia a pesar de su pequeño tamaño. Resulta obvio, que este tipo de arcos novedosos resultarían caros y sólo necesarios para una élite guerrera capaz de afrontar el coste económico de caballos y carros. De esa manera, las clases guerreras más bajas, seguirían usando arcos del tipo "primitivo". Todo ello resulta evidente en dibujos presentes en restos arqueológicos, en los cuales se adivina el tipo de arco utilizado según la forma que adquiere al mostrarse abierto.

En cuanto a las flechas, existe una amplia variedad de formas de puntas halladas en excavaciones en la antigua ciudad de Micenas.
El uso de puntas de bronce se extendió con rapidez, no obstante, las puntas talladas en piedra, especialmente en obsidiana, siguieron en uso más de 200 años
ya que eran presumiblemente más asequibles.
Desafortunadamente, las puntas de flecha no son válidas en si mismas para elaborar una cronología más o menos exacta en base a su forma o materiales, cosa que es más fácil de hacer si se tratase de restos cerámicos.  La evidencia histórica y etnográfica nos muestra que era usual que los arqueros llevasen en sus aljabas flechas armadas con puntas pesadas para atravesar las primitivas armaduras a corta distancia y también flechas con puntas más ligeras para hacerlas "llover" sobre sus enemigos a larga distancia. Asimismo, se aprecia claramente la coexistencia de puntas de bronce y de piedra tallada, lo cual complica más todavía la datación. La única forma de clasificarlas con ciertas garantías de éxito es hacerlo basándose en la estratigrafía, es decir al nivel de profundidad al que son halladas en una excavación, resultando, no obstante, incompleto.
Se da la circunstancia de la similitud ente puntas de flecha de un cierto tamaño y puntas de venablos o jabalinas.

Se han observado tres sistemas de fijación de las puntas a los vástagos de madera: mediante una hendidura en el vástago en la que insertar la punta, mediante una espiga del mismo material de la punta que se clavaría en la madera del vástago y por último un enmangue tubular, que se hizo posible al mejorar las técnicas metalúrgicas.  Las dos primeras formas eran las más fáciles de obtener, cortándose de una simple placa de bronce y resultando las más empleadas por razones evidentes.   Es curioso observar como a pesar de que las clases guerreras elitistas eran las que podían disponer de puntas de flecha del tercer tipo, no eran reacios a emplear puntas más simples, incluso de piedra tallada, cosa que se aprecia claramente por los hallazgos de los enterramientos de estos personajes descubiertos hasta la fecha.

lunes, 6 de diciembre de 2010

DESPUES DE MUCHOS AÑOS

Música maestro, y que sea alegre.

Entradas como esta quisiera poner muchas, porque a pesar de que el año que se acaba ha sido complicado, voy a tener la suerte de haber recuperado el contacto con algunos amigos de la niñez y de la adolescencia que pensaba que no volvería a ver.  Tal vez ocasionalmente a alguno y a otros jamás. El destino ha querido que nos volvamos a encontrar, no todos nos conocemos de lo mismo, pero todos tenemos una relación estudiantil o laboral (ambas pasadas) que nos une de algún modo. No voy a enrrollarme. Nos hemos juntado en un bar, hemos tomado algo y hemos hablado de tiempos pasados, que es lo que se hace cuando, en algún caso, hacía 28 años que no nos veíamos. Ha estado bien y ha sido agradable, como era de esperar. Hablamos del colegio, de gente que conocimos, de lios montados, de los revolcones que la vida nos ha ido dando y de cosas así, pero la conclusión ha sido prácticamente una, "joder, como pasa el tiempo.."  Trataremos de repetirlo, pero buscando a más gente que hubiese disfrutado del encuentro, que los hay.  Más gordos, más calvos, más arrugados....pero los mismos mendas, el mismo caracter de base con el añadido de la experiencia que te añaden los años, que no es mala cosa.

Acompañado de "SuperJuanito",  Jose Vicente y  Cesar.

viernes, 26 de noviembre de 2010

LA LEGION PERDIDA

¿Algo de musica de fondo? 


LA BATALLA DE CARRAE

LEGIONARIO ROMANO DE FINALES DE LA REPUBLICA
Tras la temprana muerte de Alejandro Magno, sus generales se repartieron su extenso imperio.
Casandro se quedó con Macedonia, Ptolomeo con Egipto (la futura reina Cleopatra pertenecía a la dinastía Ptolemaica), Lisímaco con Tracia (actual Bulgaria), Antígono con Anatolia y por último, Seléuco con Irán. 
Una de las zonas bajo dominio seléucida en su zona norte era la habitada por una serie de tribus nómadas de origen escita. En el año 238 a. de C. se sublevaron contra sus dominadores, ya debilitados por enfrentamientos con los otros reinos vecinos, deponiéndolos en el siglo II de nuestra era, formando de este modo un gran imperio. Tanto fue así, que acabó por enfrentarse a la creciente expansión de la dominación romana en Asia Menor. En aquel tiempo, Roma era todavía una república.
Los cónsules romanos más ambiciosos ansiaban obtener glorias militares que incrementasen su fortuna y su prestigio. Uno de ellos fue  Marco Licinio Craso
 (114 - 53 a. de C.)  famoso por ser el represor de la revuelta de esclavos en Roma, liderada por el gladiador Espartaco.  Tras este hecho, fue destinado a Siria, lugar en el que su ambición por obtener nuevas posesiones para Roma y de emular las glorias militares de Julio Cesar en las Galias, se lanzó a la conquista de Partia acompañado por siete legiones, aproximadamente 30.000 legionarios a pié y unos 4.500 soldados de caballería, muchos de estos de origen galo.
"Craso error" es una expresión que nacería tras esta desafortunada expedición de las tropas romanas.
        
A esta fuerza tan poderosa, se enfrentó el rey Parto enviando  a un general llamado Surena (aunque no está claro si era su nombre o más bien un título nobiliario o tal vez una graduación militar), que al mando de una fuerza muy inferior en número, formada por 7.000 arqueros a caballo, 1.000 catafractos (caballería fuertemente acorazada, tanto jinete como animal) y unos 1.000 camelleros que conducían los suministros se aventuraron a contener al invasor.   La estrategia del general parto consistió en permitir a los romanos internarse sin problemas en su territorio, cosa que hicieron siguiendo una ruta muy directa hacia el corazón de ese imperio, alejándose en exceso de sus líneas de suministro, que rápidamente fueron cortadas por aquellos que defendían su patria.  Desde ese momento, empezaron los devastadores ataques de los arqueros montados, que en fulminantes ataques, hacían caer miles de flechas sobre los romanos, matando a gran cantidad de ellos e incapacitando seriamente a muchos más. Si la caballería romana salía en su persecución, eran irremisiblemente atraídos a trampas en las que se veían rodeados por los catafractos que les contenían. Los arqueros hacían el resto.
El ejército romano ya estaba a la defensiva. No estaban entrenados para combatir contra enemigos huidizos y en escaramuzas de desgaste.
Al final, Craso se vió forzado a negociar la rendición personalmente, pero en cuanto lo hizo, el general parto ordenó su ejecución y la de sus oficiales.
Los ataques sobre el  descabezado ejército romano siguieron, y a pesar de luchar con desesperación, en las marismas cercanas a la población de Carrae, unos 10.000 supervivientes fueron capturados. No hubo piedad para los heridos.
Plutarco y Plinio hacen mención a que esos supervivientes fueron obligados a servir como soldados para sus captores en zonas alejadas, pero se creía que esto era sólo una leyenda.

Catafracto, arquero y portaestandarte partos.


LA LEYENDA TOMA FORMA

Ha caído en mis manos un libro titulado "ROMA EN GUERRA" del historiador José Antonio Lago, editorial Almena. Se trata de una recomendable joya en la que se detalla todo lo referente a técnicas de combate, evolución de armamento, campañas y mil asuntos más de gran interés concernientes al ejército romano. En este libro, el autor nos cuenta lo siguiente:

"En el año 2.000 la universidad de Lanzhou, en China, publicó los resultados de los análisis de ADN llevados a cabo entre la población de Zheilazhai, un poblado situado entre el desierto del Gobi y la provincia de Gansu.Tales resultados confirmaron la teoría que en 1.955 el investigador norteamericano Homer H. Dubs había enunciado sobre el paradero de aquellos legionarios.
  Según los análisis de ADN, el 46 % de los habitantes de Zhelaizai son descendientes de romanos. La sorprendente noticia, apoyada por la arqueología y la filología demostraba científicamente que un grupo de romanos había llegado a aquellas remotas tierras, situadas a unos 7.000 km. de Roma, datandose sobre la segunda mitad del siglo I. a. de C.     El poblado al que fueron enviados, o que construyeron, se denominó “Li-Jien”…(¿Legión?)
Una parte de los prisioneros romanos de Carrae obtuvo la gracia de escapar de la esclavitud o la muerte si aceptaba servir en el ejército parto.  Evidentemente, los partos enviaron a los romanos muy lejos de  la frontera occidental para prevenir cualquier intento de fuga, y los antiguos legionarios fueron enviados a Turkmenistán para combatir a los antecesoresde los hunos, lo que hicieron con su habitual maestría.
En el año 36 a.de C. las crónicas chinas de la dinastía Han, describen la toma del reducto de los hunos, la actual Tashkent, en Uzbekistán, por parte del ejército chino. En los textos se menciona con todo lujo de detalles a un grupo de extraños soldados que levantaban sorprendentes campamentos fortificados de forma rectangular y combatían con un sistema táctico muy complejo y organizado que causó la admiración de los oficiales chinos.

Unos 1.000 romanos sobrevivieron a los combates y los chinos, impresionados por su manera de combatir, les concedieron una relativa libertad, haciendoles establecerse en una remota zona del desierto de Gobi. La aldea en la que se instalaron, tomó el nombre de Legión, cuya forma china era Li-Jien, tal y como se halla documentado en las crónicas chinas a partir del año 5 de nuestra era. Por eso, los chinos denominaron a Roma Li-Jien cuando los embajadores de Marco Aurelio llegaron para estalecer relaciones comerciales con China en el 166 de nuestra era  sin saber que muchos años antes, Roma ya había estado presente en esas tierras."

martes, 23 de noviembre de 2010

CONTRA EL PODER DE MIL PALABRAS

Como de costumbre, un poquito de música. 

Por mucho poder que puedan tener las palabras, todos conocemos el famoso dicho de que una imagen vale más que mil palabras. Esta foto es una de las presentadas al concurso del presente año 2010 que convoca National Geografic y, de las muchas que he podido ver, es la que más me ha impactado.  Las había de muy buenas, pero esta, tiene algo especial, al menos para mi. Es una foto que me inspira optimismo, no pena,  por que a pesar de lo que muestra , es una foto alegre y en mi opinión, muy humana.


Es una foto tomada en un pueblo de Bali.  Creo que las caras de los protagonistas lo dicen todo. Me parece imposible contemplar esta foto sin sentir algo. En esta sociedad tan egoista que estamos creando, todavía nos queda mucho que aprender de gente sencilla como la de la foto, de las que necesitan muy poco para vivir.  Incluso a pesar de que la vida, como a nosotros, como a este niño ,a veces nos niegue la salud.  Afortunadamente, ellos todavía tienen la capacidad de preocuparse los unos de los otros.   Gestos como éste son los que hacen el mundo un poquito mejor. A ver si tomamos todos nota y no se nos olvida esa capacidad del ser humano. Por cierto, según el fotografo, el hombre de la flauta ni siquiera es su padre.

lunes, 15 de noviembre de 2010

ARQUERIA TRADICIONAL EN EL JAPON

         
Algo de música para ambientar la lectura


A pesar de que lo más usual es pensar en un samurai empleando una espada, realmente, desde tiempos remotos, el arma distintiva del guerrero japonés de clase alta es el arco (YUMI). En un interesante reverso del concepto europeo medieval, el cual consideraba al arquero un soldado de clase baja, los japoneses observaban su uso como un privilegio. Los "Bushi" (guerreros) de clase alta estaban encantados de que sus logros con el arco fuesen divulgados, en tanto que, sorprendentemente, no tenían ningún interés en que se comentasen sus habilidades con la espada.
La concepción, desarrollo e historia de la arquería japonesa es tan extensa que haré breves referencias a los aspectos que más me han llamado la atención o considero más interesantes.
Miles de años de nuestra era, los habitantes de las islas del Japón ya usaban el arco y la flecha para la caza y la guerra. Los dos arcos más antiguos encontrados están datados en aproximadamente 6.500 años a. de C. y medían aproximadamente 1,30 metros de longitud. Más numerosos son los del período "Jomon", de unos 1000 años a. de C., con medidas cercanas ya a los 2 metros. Los arqueólogos han encontrado puntas de flecha de obsidiana de la Edad de Piedra, pero los primeros datos de la práctica del tiro con arco como deporte datan del siglo VII de nuestra era. Se tiene constancia de que el emperador Tenmu promovía competiciones de tiro a caballo entre los miembros de su corte, siendo éste probablemente el nacimiento del YABUSAME o competición de tiro a caballo.

El arco Yumi es extraordinariamente largo y es asimétrico. Aproximadamente dos tercios del arco quedan por encima del punto en el que se empuña el arco. Todavía hoy se discute cual es la razón de esta asimetría, barajándose la posibilidad de que la causa fuese una mayor facilidad al usarlo sobre un caballo. Actualmente, se acepta que el diseño asimétrico se desarrolló durante el período "Yayoi". A lo largo del tiempo, la forma de elaborar estos arcos evolucionó como se detalla en este cuadro.



EVOLUCION DEL YUMI

PERIODO
 TIPO DE ARCO
    MATERIALES
Prehistoria
Maruki
Una sola pieza de madera
c. 800 - 900
Fusetake
Madera con frente de bambú
c.1100
Sanmaiuchi
Madera con frente y trasera de bambú
c.1300 - 1400
Shihochiku
Madera totalmente rodeada de bambú
c. 1550
Sanbonhigo (Higoyumi)
Núcleo de tres piezas laminadas de bambú, con laterales de madera y frente y trasera de bambú
c.1600
Yohonhigo (Higoyumi)
Difiere del anterior en tener 4 láminas de bambú
c.1650
Gohonhigo (Higoyumi)
Difiere del anterior en tener 5 láminas de bambú
c.1971 - actualidad
Fibra de vidrio
Nucleo de madera, fibra de vidrio al frente y trasera


El arco adquirió con el tiempo una dimensión esotérica en Japón, la cual se conserva hasta hoy, y todos los clanes desarrollaron una larga variedad de ceremoniosas competiciones en las que participaban desde nobles hasta guardias del señor feudal, la mayoría de las cuales estaban profundamente influidas de una gran espiritualidad.

El entrenamiento a caballo, naturalmente, era más aristocrático en naturaleza y tradición que el entrenamiento desmontado. Se exigía una gran coordinación para controlar el disparo a galope de un caballo para alcanzar una serie de objetivos que podían ser fijos o móviles. Entre las formas más populares estaban el tiro contra tres tablillas de madera (Yabusame), tiro contra un sombrero de bambú (kasagake) , tiro al perro (Inuomono), caza del perro (inuoi), caza del pájaro (oitorigari) y la caza mayor de ciervos, jabalís u osos (Makigari). El tiro contra tres objetivos (Yabusame) suponía lanzar el caballo a galope en una dirección preestablecida disparando flechas contra tres objetivos, constituidos cada uno por una tablilla cuadrada de 8 mm. de espesor y unos 30 cm. de lado, colocada en forma romboidal sobre una estaca a lo largo del recorrido del caballo. Explicaré esta disciplina porque es la que hoy perdura y la del "Inuomono" por lo curioso que resulta.
El Inuomono era una competición consistente en soltar un cierto número de perros en una plaza cerrada para darles muerte a caballo. Este particular sistema de entrenamiento evolucionó hacia una práctica ritualizada en la que 36 arqueros montados eran divididos en tres grupos de 12 jinetes Cada grupo de 12 jinetes se situaba en una zona central de espera delimitada por una cuerda dispuesta de modo circular que contenía tierra de colores. En ese momento se liberaban 50 perros de color blanco para el grupo, que salía a darles caza dentro de un perímetro vallado de unos 72 metros. La repugnancia que aquella carnicería provocaba en los primeros europeos que llegaron a Japón se unió a la influencia creciente del budismo en la sociedad japonesa se tradujo en edictos que ordenaban usar flechas que solo golpeaban a los perros, mientras que a los perros se les protegía con fajas acolchadas para minimizar el traumatismo. No obstante, muchos de los animales morían.
Representación de época de una competición de Inuomono.


Flechas y carcajs

El fabricante de flechas ( YA-HAKI ) también ofrecía a los Bushi una amplia variedad de flechas (YA), cuyos vástagos de junco eran de longitudes variables y desde luego muy largos, dada la gran apertura que permiten los arcos Yumi. Los emplumados son bastante largos, en consonancia con el resto de la flecha. La variedad de puntas es amplísima de acuerdo con su función específica. Por ejemplo, para practicar contra un objetivo, era frecuente que se usaran puntas de madera en forma de pera similares a las usadas para golpear a los perros en las competiciones de Inuomono, a fin de proteger las más costosas puntas metálicas.
Otras interesantes puntas de flecha eran las silbadoras, supuestamente derivadas de modelos chinos, consistentes en una recamara hueca agujereada convenientemente para que al volar la flecha, el aire que circulaba por ella produjese un silbido. Esto las hacía idóneas para las señales acústicas. Con ciertas modificaciones podían usarse como flechas incendiarias.

El acero, templado con una gran calidad era el principal material empleado para las puntas de flecha, las cuales podemos dividir en base a su forma, por ejemplo:
Yanagui Ba, o de hoja de sauce; Togari Ya, o puntiaguda; Karimata, o bifurcada; Watakushi, desgarradora.
Los ejemplares de puntas conservados, dan una idea general de la gran variedad de puntas existentes, cada una de las cuales estaba pensada para una finalidad muy concreta dentro del altamente especializado mundo del Japón feudal.

En cuanto a los carcajs (Yebira), a lo largo del tiempo se dieron muchos tipos de ellos; cerrados abiertos, cubiertos, ideados para llevar las puntas hacia arriba, para la caza, para la guerra, incluso uno curioso denominado Heriroku, que era usado en ciertos castillos feudales por los guardias del mismo, en el cual, las flechas quedaban dispuestas como si fuesen la cola de un pavo real.
Kari-Yebira


El tipo de carcaj más conocido era el Kari – Yebira, para espalda o semi –lateral, consistente en un pequeño recipiente, generalmente una cesta en el que se colocaban las flechas boca abajo, llevando más arriba sujetos los vástagos por un sistema de cordaje. El movimiento para extraerlas era tirar del vástago hacia arriba para extraer del cestillo la punta de la flecha y sacarla hacia fuera, para posteriormente y con un segundo tirón hacia abajo, extraer la flecha del sistema de sujeción por cuerda a favor de la pluma, es decir, sin deteriorar esta.


Los siglos XV y XVI fueron testigos del empleo de arqueros a mayor escala en las batallas, actuando como unidades compactas como en Europa, que mantenían una lluvia constante de flechas sobre el enemigo alternándose en grupos que enviaban sus andanadas mientras se avanzaba sobre éste. Esta fue una enseñanza derivada de la mente de grandes guerreros que se encontraron distanciados de sus tropas y bajo una lluvia de flechas disparadas contra ellos por los ejércitos invasores de la China gobernada por los mongoles en los siglos precedentes.
Los Bushi más prudentes avanzaban sólo para desafiar a sus iguales del lado opuesto, tras haber debilitado sus arqueros las líneas enemigas, incrementando así sus posibilidades de presentar el desafío a una distancia razonable.
La aparición de armas de fuego y su empleo a gran escala redujo mucho la importancia estratégica de la arquería, pero incrementó su importancia como reliquia nacional.
Como he comentado anteriormente, el tiro con arco ceremonial se desarrolló casi simultáneamente a su uso militar y en consecuencia estaba impregnado de la misma tradición. Las ceremonias sagradas que conmemoraban el nacimiento de Japón como nación (mencionadas en los primeros documentos del emperador Seinei en el año 483 de nuestra era) incluyen concursos aristocráticos de tiro con arco, generalmente celebrados en palacio o incluso en santuarios sintoístas.

Yabusame
Estas competiciones, cuya tradición se mantiene hoy en el pintoresco Yabusame, ejecutado cada año a mediados de Septiembre en Kamakura y en Tokio, vinculan el arco y la flecha con el principio de la raza Yamato. En la celebración del año nuevo (Harai) pueden verse otros usos ceremoniales, los cuales se dice que tienen su origen en la familia imperial en el siglo V de nuestra era. Igualmente famoso es el tañido de la cuerda del arco, cuyas vibraciones son un buen auspicio para un recién nacido de la familia real. También existe la costumbre de dar la bienvenida a un recién nacido con el disparo de una flecha silbadora, que dicen que ahuyenta a los malos espíritus y a las enfermedades.

Más allá del uso como instrumento de combate o elemento ritual, está su empleo como elemento de coordinación e integración que implicaban la personalidad del guerrero en su sentido más amplio (física, mental y espiritual). Se trataba del paso más complejo. Conocida como KYUDO, esta disciplina se basa en principios filosóficos del Budismo y del Taoísmo, interpretadas de un modo específico y adaptadas a la mentalidad japonesa por las distintas escuelas esotéricas de ZEN, que la clase militar consideraba tan favorablemente y que aceptó de una forma decidida.


El ZEN dio a esta disciplina de integración unos ejercicios especiales de concentración e interiorización con el propósito de estabilizar la mente y asegurar un control positivo sobre cada acción. Presentaba también unas técnicas y ejercicios de respiración abdominal que podían emplearse para el desarrollo de la fuerza necesaria para tensar, dispara y seguir la flecha hasta su objetivo. En resumen, el arte del arco en Japón puede considerarse como una serie de técnicas de control mental y coordinación física. Actualmente, esta disciplina se ha extendido a muchos países, siendo una actividad que goza de gran prestigio y respeto en Japón actual, siempre tan cuidadoso de sus tradiciones.

viernes, 12 de noviembre de 2010

El mono de pelo rojo.




El arco es un arma, y no hay arma que se haya concebido para otra cosa que para inflingir un daño a personas o animales. El aspecto deportivo ha venido después, cuando las armas de fuego lo reemplazaron con cierta rapidez.  Así pues, también en esto de tirar palitos con plumas hay quien se decanta por la caza.
El tema de la caza tiene, como no podía ser de otra manera, sus defensores y sus detractores. No necesitamos cazar para comer, al menos, ya no, así que yo me pregunto muchas veces dónde está la gracia de pegarle un tiro o un flechazo a un animal. Supongo que si te lo vas a comer, todavía está justificado, siempre y cuando no se trate de especies en peligro de extinción, pero el cazador, ¿es capaz de ponerse en el lugar de la pieza que pretende abatir? ¿O sólo la ve como un pedazo de carne en movimiento que se piensa cobrar, no con poco sufrimiento para el animal, para sentirse el amo de la creación?
Esto no hace cosquillas, precisamente.
Hay quien dice que los buenos cazadores son los primeros ecologistas, y la verdad es que opino que es así, porque saben que animales son susceptibles de abatir y cuales no, incluso tratan de favorecer la conservación de las especies que cazan. Un buen cazador sabe a lo que se puede disparar y a lo que no.

Particularmente, creo que salvo por hambre o propia defensa, no sería capaz de matar a un animal y mucho menos, por el placer de hacerlo.  No me parece un deporte.


Lo cierto es que cada vez que veo fotos de revistas de caza, me sacan de mis casillas ciertas fotos. Hay quien caza pavos salvajes, conejos, perdices, jabalís...piezas de caza que acaban en una cazuela, pero cómo justificas al tipo que mata un oso, un alce, un ciervo, cabras montesas, o se van a África a pagar una pasta por tumbar un elefante, un rinoceronte o un búfalo. Me revuelven el estómago. Lo hacen por el trofeo en si, por la piel, la cabeza, las cuernas...y sobre todo, por la foto y por el placer de matar un animal y creerse que son la leche. Vete a por el oso o el rinoceronte con un palo si tienes cojones.
¿Satisfechos?
Nunca lo entenderé. Pero claro, si no somos capaces de respetarnos entre humanos, qué no les haremos a los bichos, más todavía cuando estamos acostumbrados a ver a los animales como "algo" que está a nuestro servicio de especie dominante y estamos tremendamente equivocados.

Hace años tuve la ocasión de visitar el zoo de Barcelona y mi cara al salir estoy seguro de que era muy diferente a la que tenía al entrar. Tras un grueso cristal, estaba apoyado un orangután, no muy viejo, al cual me acerqué porque nunca había visto uno que no fuese en fotos o documentales. Nada ni nadie impedía que tocases el cristal, así que me acerqué mucho. La verdad es tenía mis reparos a hacerlo, porque suponía que el animal al verme tan cerca reaccionaría mal y se asustaría o se pondría violento, dándome un buen susto y con el consiguiente ridículo ante la gente que estaba por allí de visita. El animal giró la cabeza y me miró, pero no hizo nada más. Adiviné que no me temía y dejé de lado la idea de la mala reacción así que acerqué más la cara al cristal, tanto que la cara del orangután y la mía no estaban separadas más que por un par de palmos y un cristal sucio. 
Y hay quien niega que tenemos orígenes comunes.


Lo realmente jodido, porque es la palabra que más se ajusta a lo que experimenté, es que estaba mirando a los ojos a un animal que miraba a los míos con un aire de tristeza y  de resignación, algo que no pensé nunca poder ver en la mirada de un animal. Tuve la sensación de que me decía "ayúdame a salir de esta porquería de sitio". Podría hacer una lista muy larga de gente con mirada menos expresiva. Os aseguro que me costó dejar de mirar una cara en la que ví las raíces de nuestra especie y desde luego, no se me ha olvidado. Sé que parece una experiencia de lo más tonta, pero a mi me cambió la manera de ver algunas cosas. Claro que tenemos diferencias notables con los animales pero, en lo básico, somos lo mismo. Deberíamos aprovechar nuestra inteligencia de "primates superiores", porque biológicamente no somos más que monos erguidos y sin casi pelo, para cosas mejores que matarlos por placer o enjaularlos. pero claro, son asuntos que mueven mucho dinero,y donde hay pasta, ya se sabe...no miramos pelo...ni pico, ni pata.
Respetemos a los animales. Tenemos la capacidad de ser mejores que ellos y no lo somos. Cada vez que una especie se extingue, nos quedamos más solos.

domingo, 7 de noviembre de 2010

HACIENDO EL INDIO

¿Música de indios? Pues pincha aquí.

Una carreta huye por la pradera, perseguida por unos cuantos indios salvajes pintarrajeados y a caballo, dando grititos ridículos y lanzando flechas a diestro y siniestro, mientras esperamos escuchar la corneta de algún regimiento de caballería que acude al rescate…

La industria cinematográfica ha retratado al nativo americano como un ser inferior, malvado y ridículo, cuando no grotesco. (Haré la excepción de “Bailando con lobos”). Afortunadamente, hoy, quien lo desee puede acceder a la información necesaria para sustituir esa imagen deformada por una más real y digna, de unas étnias de las cuales deberíamos haber sabido tomar algunos ejemplos. Respeto a la figura del anciano y su experiencia, respeto a su entorno natural del cual dependían y en el cual estaban absolutamente integrados y valores familiares que se hacían extensivos a todos los miembros del clan. Todos cuidan de todos. Y esto podemos hacerlo extensivo a todos los pueblos “primitivos” del mundo los cuales tuvieron la desgracia de toparse con colonizadores europeos en su mayor parte pobres e incultos en busca de mejores oportunidades en tierras lejanas y dirigidos por líderes con tanto exceso de avaricia como carentes de escrúpulos.
Les creímos inferiores y les llamamos salvajes, y los impusimos a golpe de espada y arcabuz nuestra desordenada forma de vida, nuestras enfermedades y nuestros desviados valores.


Estoy leyendo un libro que tiene bastantes años, titulado “American Indian Archery”, de un tal Reginald Laublin. Está en Inglés, y como lo tengo algo oxidado me cuesta un poco, pero merece la pena hacerlo por que es de lo más interesante.
Es curioso comprobar como, incluso entre los practicantes de tiro con arco, la arquería nativa americana parece no tener ninguna consideración como sí la tienen los arcos orientales, y es una gran desconocida, y eso que pensar en un arco y una flecha nos suele llevar a dos imágenes, Robin Hood y un indio a caballo. Sorprendentemente, el nivel tecnológico alcanzado por los nativos americanos, especialmente los del Norte, tiene muy poco que envidiar a la fabulosa arquería oriental. Arcos rectos, de tips recurvados, reforzados con tendones de animal, compuestos…… unos maestros, vamos.
Lo que viene a continuación no es más que una breve reseña que he extraído del citado libro, pero me ha parecido interesante por los datos que proporciona, sin entrar en métodos ni técnicas arqueras que no creo que vengan a cuento.
Por otro lado tengo que decir que no me he podido resistir a poner unas ilustraciónes de Frank Mcarthy, las cuales creo que son de lo mejorcito que se podía encontrar para esta entrada. También os pongo un enlace a un texto que no tiene desperdicio: Mensaje del gran jefe Seattle al presidente de los EE.UU. de América, Franklin Pierce.   http://www.arcobosque.com/seattle.htm

ARQUERÍA NATIVA AMERICANA
"Vosotros los blancos siempre estais haciendo preguntas, nunca os limitais a observar y observar.
Suele ser posible aprender lo que hay que saber, observando y escuchando."
(Anciano nativo americano)



Nadie conoce con certeza de qué manera llegó a América el uso del arco, pero su uso se extendía por todo el continente cuando llegó el hombre blanco. En el hemisferio norte, podemos encontrar un amplio abanico de calidades, desde los arcos muy pobres hasta los refinados arcos construidos en el Noroeste de la actual Norteamérica. Algunos podían rivalizar en diseño y belleza con los antiguos arcos clásicos.
Seguramente, el arco llegó desde Asia en migraciones posteriores a las que colonizaron el continente por primera vez.
Los únicos arcos construidos con refuerzos hechos de tendón fueron hallados en Norteamérica, entre las tribus de las praderas, las montañas rocosas y California. Algunos de ellos son sorprendentemente parecidos a ciertos diseños de origen asiático.
Los arcos más toscos provienen de la zona amazónica. Tal vez el primitivismo de estos nativos sea la causa de ese escaso desarrollo. No obstante, debemos destacar la longitud de sus arcos y sobre todo de sus flechas más parecidas a jabalinas.
El único lugar del mundo donde el arco parece no haberse usado es en Australia. Este continente aparentemente se quedó aislado del resto del mundo cuando las grandes placas de hielo se fundieron, antes de que la idea del arco se materializase.
Existen teorías acerca del nacimiento de este invento. Nada prueba que no se tratase de una idea independiente, nacida de la mente privilegiada de un individuo, la cual fue extendiéndose rápidamente.
Ciertamente, el arco rozó la perfección entre los pueblos turcomanos de Asia Menor, pero incluso ellos, trajeron el arco consigo desde Asia Central. Hay quien sostiene que el arco nació en Asia y que se extendió gradualmente al resto del mundo. Su desarrollo final en varias regiones dependió de la cultura y posibilidades del grupo étnico que lo recibía, su importancia en su modo de vida y de los materiales disponibles para su elaboración, así como las condiciones climáticas de la zona.
El arco parece haber sido conocido por los pueblos de la Polinesia, pero abandonado, en parte por las calidades de la madera disponible y, más probablemente, por la forma de entender la guerra, la cual se trataba como un asunto de contacto personal en lugar de la destrucción del enemigo a distancia.

Existen una serie de ideas tan preconcebidas como equivocadas acerca de los nativos americanos y ello se hace extensivo al tema de la arquería, haciéndose necesario corregir algunos conceptos.
La arquería india ha tenido que soportar una mala reputación, habiéndose tachado de “inferior” por los expertos, en base a la creencia de que los arcos son de baja calidad y los arqueros, malos tiradores. Si pensamos que la mayor parte de los grupos étnicos indios basaban su dieta en la caza, estas afirmaciones han de resultar erróneas por fuerza. Curiosamente, no siempre fue así.
Cuando los primeros europeos llegaron al continente americano, el arco en nuestro “viejo” mundo se hallaba en un momento de franco declive, en favor de las armas de fuego. Los recién llegados quedaron fascinados por las habilidades de los indígenas con algo tan necesario para la caza como para la guerra. Muchas generaciones mas tarde, con el renacimiento de la arquería como deporte, la arquería nativa americana volvió a sufrir un gran descrédito, ya que se usaban flechas y arcos cortos en comparación con los largos y potentes “longbows” europeos. Además, los indios utilizaban el calor para moldear la madera de modo que fabricaban formas más cortas, algo impensable en Europa, un verdadero sacrilegio para la época, sobre todo en Inglaterra.
Así pues, la leyenda de los buenos arqueros nativos se desvaneció y llegó a extenderse la idea de que los indios debían acercarse tanto a sus presas para acertar el disparo, que podían prescindir del arco y clavar la flecha en el animal con la mano. A la vez que el mito se esfumaba injustamente, los indios comenzaron a decantarse por las armas de fuego, con más alcance y precisión, pero más aparatosas, pesadas y ruidosas, además de tener una cadencia de tiro muy lenta. Un arquero podía descargar un carcaj entero en menos tiempo del que costaba recargar un mosquete de avancarga de la época, los cuales no era infrecuente que fallasen, poniendo a veces en peligro al mismo tirador. El ruido del disparo era seguro que asustaría a las posibles presas en una amplia zona, por lo que un segundo disparo, si se fallaba el primero, era poco probable.
Se acertaba a la primera o se volvía con las manos vacías, en tanto que si un arquero falla, muy probablemente podrá repetir más veces el tiro al no alertar excesivamente a las presas.
Así pues, ¿por qué abandonaron el arco tan rápidamente? Se trató, sin duda, de una cuestión de prestigio. Como a todo el mundo, les impresionaban las novedades y, aunque al principio se sintiesen impresionados por el ruido, el fuego y el humo de las armas de fuego, pronto llegaron a la conclusión de que ellos eran tan capaces de manejarlas como el hombre blanco y se mostraron ansiosos por obtenerlas. Para colmo, eran difíciles de conseguir y muy caras en sus intercambios por pieles que, en si mismas, eran costosas de obtener. De este modo, el poseedor de una arma de fuego de los blancos era considerado un gran cazador, mejor trampero y, lo más importante, un admirado guerrero.
No obstante, en zonas del Este, las armas ancestrales sobrevivieron y se retornó a su uso. Los nativos de Canadá, Maine y los Cherokee del sur volvieron a cazar con arco y flechas, más apropiados a su estilo de vida y más prácticos en aquel momento.
También en el Oeste se abrían camino los “palos de trueno” del rostro pálido a los que llamaban “mazawakan” que puede traducirse como “hierro misterioso” en el idioma Sioux.
La realidad es que hasta la aparición del famoso Winchester de repetición, la mayoría de los indios siguieron usando el arco por razones prácticas como la disponibilidad y la cadencia de tiro, además de verse liberados de la dependencia del hombre blanco para su adquisición, municionamiento y reparación.

Todavía hay detractores que señalan a los indios como malos arqueros, tal vez debido a que disparaban a los bisontes a los que daban caza a lomos de su caballo, cabalgando extremadamente cerca del animal, tanto como para poder abatirlo con una lanza, cosa que no era infrecuente si se les terminaban las flechas. A estos detractores parece olvidárseles que también cazaban continuamente otras presas mucho más asustadizas, como cabras montesas y ciervos, a las que era muy difícil aproximarse más cerca de 15 o 20 metros. Eso mismo sucede actualmente y los cazadores deportivos regresan a casa muchas veces con las manos vacías.
Entre los indios de las praderas, el arco era visto más como un arma defensiva, ya que la obtención de honores en combate se realizaba mediante el cuerpo a cuerpo con el enemigo. Tanto era así, que si un guerrero daba muerte a otro a distancia, con una flecha o una bala, debía tocar el cuerpo del enemigo abatido para reclamar esa victoria.

En la actualidad podemos decir que hay pocos indios que hayan tenido un arco en sus manos, y mucho menos, un arco tradicional de cualquiera de sus etnias. Mientras que en tiro con arco ha ido ganando adeptos entre otros grupos americanos, por ejemplo los de origen europeo, los nativos americanos parecían reacios a retornara una practica que tal vez les transportase a unos tiempos en los que se les consideraba salvajes, creando en la actualidad un rechazo hacia esta actividad.
Reginald Laublin, autor del libro del cual estamos extrayendo la practica totalidad de los datos que damos en este escrito (American Indian Archery) refiere en su libro que fue requerido en uno de sus viajes a la reserva sioux de Standing Rock, situada entre Dakota del Norte y Dakota del Sur por un artesano sioux que todavía fabricaba arcos, aunque de bastante baja calidad, para que los viese y adquiriese algún ejemplar. Laublin compró un arco y una flecha, pagando tan solo 25 centavos de dólar al fabricante. Obviamente, se quedó sorprendido. El tiempo empleado en la construcción valía mucho más y así se lo hizo saber al vendedor. Salió al exterior a probar el arco y se le acercaron muchos muchachos indios a curiosear, diciéndole que jamás habían probado uno. Tras la experiencia, al día siguiente aparecieron muchos de ellos con arcos que acababan de comprar al artesano, cada uno con tres flechas, costando cada “equipo” un dólar. Seguramente, el primer ejemplo de inflación en una reserva india.

Según parece, el gobierno norteamericano insta a los nativos a preservar lo mejor posible sus costumbres, pero no parece que el tema de la arquería tradicional despierte mucho interés, mientras que si lo hace el uso de arcos mecánicos de factura moderna.


Se da la paradoja de que, mientras el ser humano empezó a prosperar al abandonar al nomadeo y convertirse en agricultor, en Norteamérica las cotas más elevadas de cultura de los indios de las praderas se alcanzaron al retornar al seguimiento de las grandes manadas de bisontes, habiendo sido capaces de adaptarse sorprendentemente a esa vida de nomadeo en un tiempo record, estimado según recientes estudios en no más de un siglo.

domingo, 17 de octubre de 2010

Propulsor de azagayas o "Atlatl".

Música para un "...a ver si me sale."
Hola de nuevo. Tras la entrada anterior, de obligada y debida despedida a un amigo, me gustaría volver a tratar en éste blog asuntos que me interesan y que espero que puedan interesar o resultar entretenidos para quien los pueda leer.
En esta ocasión, he decidido hablar de una invención anterior al arco, la cual al igual que los arcos, se ideó para propulsar flechas, aunque sería más adecuado hablar de venablos o azagayas, dado que habitualmente eran de mayor tamaño que éstas. Según Wikipedia, una azagaya es un arma arrojadiza, primitiva y ligera, que puede ser lanzada a mano o bien con la ayuda de un propulsor, y que por lo general, tiene la punta hecha de asta de cérvido, un ástil de madera y un emplumado estabilizador en la parte trasera, al igual que las flechas. Dado que lo normal es hallar tan sólo las puntas debido a la degradación de la madera con el tiempo, la palabra "azagaya" suele ser empleada por los arqueólogos tanto para referirse al objeto completo como únicamente a la punta hallada.

El Atlatl
Con una simple rama....
Los pobladores americanos prehistóricos hicieron un amplio uso de propulsores en sustitución del lanzamiento de jabalinas a mano, lo cual, seguramente aceleró la extinción de los grandes mamíferos cenozoicos americanos. Tiempo después, el propulsor fué reemplazandose por el arco, mucho más efectivo, sin embargo, ciertas culturas precolombinas continuaron haciendo un amplio uso de ellos. En Australia también era utilizado por los aborígenes y se le conocía por Woomera.
El hecho, es que en el momento de la llegada de los conquistadoes españoles al Nuevo Mundo, este artilugio era usado por indigenas de las zonas que actualmente ocupan Perú, Colombia y , principalmente,Centroamérica . En lengua náhuatl se le llamó atlatl, y en español también se conoce como lanzadardos o estólica. En manos expertas se convertía en un arma temible, tal y como pudieron comprobar los soldados españoles que desembarcaron con Cortes a la conquista de nuevas tierras para la corona española.  Es de notar, que los indios Méxica usaban propulsores para dardos, llamados tlacochtli , no más grandes que una flecha, sin por ello perder efectividad.

Dicho lo cual...
Semejante artilugio logró captar mi atención hace tiempo y , tras recopilar la información que pude, decidí construir un propulsor (para el cual me serví de un trozo de palo de escoba , lamentable, lo sé...) al que añadí una tira de cuero para un mejor agarre, una punta de vástago de flecha sobre la que apoyar la azagaya y una piedra atada con tira de cuero para contrapesar y dar mayor energía al lanzamiento. Después compré unos vástagos de madera baratitos de un centro de bricolage a los que añadí puntas de flechas que se me habían roto y emplumé con plumás de tamaño más que aceptable, por aquello del frenado en vuelo.Así pues, todo estaba a punto. Faltaba probar.
Mi engendro de propulsor y azagayas... ¿Se nota la mano del constructor?

Ni que decir tiene que los primeros intentos fueron penosos, unos lanzamientos desastrosos, aunque poco a poco, fuí logrando que en lugar de salir de lado o estrellarse contra el suelo, empezasen a volar hacia delante.  Al final, un tiro espectacular que alcanzó los 50 metros, pero con demasiada parábola, nada de volar hacia un objetivo definido, solo distancia.  De ahí en adelante, a tratar de mejorar. Incluso un par de veces llegué a acertarle al jabalí de foam a 30 metros, pero creo que fué más producto de la casualidad que de la punteria...
Si tuviese que comer de lo que cazo con esto...

A pesar de ello, el fallo estaba claro. Además de mucha práctica,  las azagayas (o venablos, que tanto dá) deberían ser de un calibre mayor y sobre todo más largas, lo que les imprime una flexibilidad que las hace "colear" en vuelo haciendo que, sorprendentemente, su vuelo sea más estable. Construir alguna de esas lo tengo en "tareas pendientes", pero bueno, yo soy arquero, así que ya se verá, de momento esperará un poco
Por lo pronto, hay que conformarse con estos dos videos que están en YOUTUBE en los que se vé perfectamente como gente experta hace uso de estos trastos y de como vuelan las azagayas que disparan. Es curioso de ver.



.

viernes, 15 de octubre de 2010

Un día triste

Musica para un amigo, "Against the wind" (contra el viento) de Bob Seger.
Esta entrada es muy triste .
Mi amigo Justo Saura.

En la entrada del Domingo 3 de Octubre de 2010, la cual titulé "¿Que por qué tiro con arco?" hice alusión a la riqueza que supone tener buenos amigos. Hoy me siento mucho más pobre. Esta madrugada de día 15 de Octubre, mi querido amigo Justo Saura, antiguo compañero de trabajo con el que conservé la amistad, se nos ha ido. La terrible enfermedad que a todos nos da hasta miedo nombrar, ha logrado que emprenda antes de tiempo un viaje que le alejará del lado de los que le queríamos.  Conocerle ha sido un privilegio; trabajador, creativo, rebelde, y siempre más preocupado por los problemas ajenos que por los propios.  Un tipo culto, alegre, simpático y dispuesto siempre a mejorar un poquito el mundo cada día, y creo que en ocasiones, lo lograba, por insignificante que esa mejora fuese.
También era un puñetero incorregible de esos que a veces dan ganas de coger por el cuello ( sin apretar mucho) pero eso casi me parece más una virtud que un defecto.

Poco pude hacer por él, salvo llamadas de teléfono, alguna visita a su casa o al hospital, bromear sin muchas ganas para olvidarse un poco de la tragedia que se avecinaba (a veces logré que acabáramos ambos riendonos con ganas), y al final hacerle un poco de compañía en el hospital, en fase terminal. Tenía muchas cosas que decirle, pero no me salió ninguna ante la tristeza de encontrarle peor de lo que pensaba. Quería decirle que a un buen amigo no se le olvida, pero eso era como recordarle que se iba. Él ya no hubiese podido responderme, no le quedaban fuerzas, pero no hizo falta que hablase. Sólo pude estar acompañándole un rato, cogerle la mano que él, el rey de la vitalidad, casi no podía apretar, pero que no parecía querer soltar. Con todo, cuando salí de la habitación, me giré a mirarle sin saber si sería la última vez que le vería vivo, o al menos consciente para mantener algún tipo de comunicación. Me despidió con una mirada que entendí de agradecimiento y una sonrisa que no olvidaré jamás, por que hasta eso le costaba un esfuerzo tremendo.   No me voy a quedar con esa imagen, me quedo con las las confidencias hechas, las preocupaciónes y temores confesados y sobre todo con los momentos alegres compartidos..
En algún sitio he oido que cuando naces, lloras y los demás rien y que si cuando mueres son los demás los que lloran y tu te ries, es que has vivido como es debido.

Por fuera, algo he llorado de pura rabia y de pena algo lloraré todavía, pero por dentro tardaré en parar . "Amic", guárdame un lugar en el sitio en el que estés, seguiremos hablando de los romanos y su legado cultural que tanto te gustaba y tan bien conocías, seguiremos discutiendo de tonterías y contando chistes malos.
Te deseo una buena travesía.  Hasta que a cada uno nos llegue nuestro momento, estarás muy vivo en nuestros corazones y en nuestro recuerdo. Es lo que consiguen las personas que saben ganarse a los demás.
 Hasta siempre.

Nada nace de nada, nada regresa al no ser.
                     Tito Lucrecio Caro,  poeta y filosofo romano, 99 a.d C.- 55 a.d C.

martes, 12 de octubre de 2010

Los arqueros montados de Eurasia.

INTRODUCCIÓN
Escucha mientras lees

Durante milenios se han producido importantes flujos de población desde el
Este al Oeste, desde las vastas  estepas de Eurasia hacia Europa y desde las
inhóspitas y frías tierras de Mongolia hacia el Sur, avanzando hasta las más
 fértiles y templadas zonas de China.
Estas hordas invasoras trajeron consigo nuevos desarrollos tecnológicos
en la adaptación a formas de vida más duras en sus zonas de origen.
Alguno de estos desarrollos iban a alterar dramáticamente la naturaleza de
algunos aspectos de la vida en las zonas conquistadas, en especial en lo
relativo a la guerra.
Surge así la inevitable cuestión ¿cómo era posible que pastores nómadas a caballo fuesen capaces, tan frecuentemente, de derrotar a ejércitos liderados por profesionales?   Lo más inmediato fue pensar que dado, que se trataba de pueblos  “bárbaros”, eran especialmente feroces y belicosos,  pero realmente la explicación la encontraremos en sus revolucionarias tácticas de combate y una resistencia especial, derivada de lo frugal de su existencia.
Las tres principales características que definían a un guerrero de las estepas eran la habilidad montando, la habilidad disparando con el arco y su capacidad para conducir manadas, generalmente de caballos, casi continuamente.  De este modo, observamos la clara relación entre el caballo y el arco presente en este tipo de sociedades, que basaban sus tácticas de lucha en esta combinación, en especial en los pueblos más antiguos. El uso de la lanza a caballo también comenzó a ganar terreno a mediada que pasaban los siglos, y el uso de infantería siempre estuvo bastante restringido.
El período de tiempo del que hablamos abarca desde las más tempranas evidencias del uso del caballo, aproximadamente 4000 años antes de Cristo hasta las invasiones turcas y mongolas de los siglos XII y XIII de nuestra era y, a pesar del importante lapso de tiempo que abarca, resulta sorprendente cómo las costumbres y modos de vida parecían mantenerse inalterables incluso entre pueblos diferentes debido, tal vez,  a sus orígenes comunes.

                                                
EURASIA, ASIA CENTRAL Y LA ESTEPA.

La mayor masa de tierra que podemos encontrar en el mundo en extensión de Este a Oeste es Eurasia llegando desde China hasta Europa. En su extremo oriental encontramos zonas de China, Mongolia y Siberia y a medida que nos desplazamos hacia el Oeste encontramos Uzbekistán, Turkmenistán, Kazajstán, Kirguistán, Tajikistan, las costas del Mar Cáspio y partes de Afganistán y de Irán, hasta llegar a Ucrania, Rusia y Hungría.  A lo largo de semejante área, nos encontramos con cadenas montañosas, desiertos inhabitables y lo más importante; un océano de hierba: la estepa.
Los desiertos actuaban como una barrera natural que limitaban los movimientos migratorios, aunque, en ocasiones, se formaban estados “oasis” que creaban barreras políticas que a su vez facilitaban los intercambios culturales y comerciales.  Los desiertos y cadenas montañosas definían las rutas entre el Este y el Oeste que frecuentaron las étnias nómadas.  La estepa se convirtió de este modo en una especie de autopista por la que circulaban culturas diferentes y no siempre con fines pacíficos. Se trata, en definitiva, de un extenso mar de hierba de aproximadamente 8.000 km. de largo por unos 1.000 Km. de anchura. El límite Norte queda determinado por la Taiga, una enorme y fría extensión boscosa, y al Sur por desiertos como el de Gobi o el de Takla Makan y algunas cadenas montañosas como la de Tien Shan y la cordillera del Pamir.
A pesar de que la estepa proporcionaba a sus habitantes el alimento necesario para mantener a sus manadas de animales, la vida resultaba dura y en este contexto, es fácil que se produzcan migraciones hacia tierras más fértiles y ricas, en este caso, Europa y China. La Gran Muralla fue construida para defenderse de los continuos ataques de los Hsiung-Nu, los cuales se entiende que fueron los conocidos hunos.


ESPECTRO HISTÓRICO Y GRUPOS TRIBALES

La estepa vio nacer y desaparecer  tribus y confederaciones tribales con culturas muy similares, las cuales irrumpieron en el mundo exterior en olas migracionales a lo largo de siglos.
Estos pueblos pueden clasificarse en tres grupos básicos, atendiendo al origen de sus idiomas. Hablaremos de este modo de Indo-iránios, Túrquicos y Mongóles.
Los habitantes más tempranos de los que tenemos conocimiento fueron de habla Indo-iránia y se trataba de Cimerios, Escitas (Saka para los persas, nombre dado a una de sus principales tribus), Sármatas y Álanos.   Estos fueron seguidos en el tiempo por los de habla túrquica, como fueron los Hunos, Ávaros, Kázaros, Pechenegos, Uzbecos, Búlgaros, Cúmanos, Bashkires y Magiares, éstos últimos incluidos en este grupo por su fuerte “turquificación”, ya que su lengua provenía de una zona del norte de la actual Rusia, la cual era habitada por tribus denominadas Finno-Ugrianas.

Más tarde llegaros los Mongóles, seguidos rápidamente por grupos turco-mongoles  (fuertemente emparentados con sus predecesores)  y por tribus otomanas.
Estos pueblos, a lo largo del tiempo, interactuaron frecuentemente con sus contemporáneos. Asentamientos de Asia Central, como Sogdiana, Báctria o Kushan, zonas fronterizas de China y pueblos de origen caucásico, como los Urartos, Arménios, Persas, Griegos, Romanos y Bizantinos, así como principados de la Rusia medieval  tuvieron contactos con estos pueblos, tratando de mantener un equilibrio político que mantuviese una paz que se rompía con excesiva frecuencia.
Partida de guerra escita.
El primer pueblo del que tenemos una amplia información es el de los Escitas, los cuales son mencionados con frecuencia en la literatura de la Grecia clásica, especialmente en la obra de Herodoto, el cual menciona también a los Cimerios, pueblo de raíces y costumbres desconocidas que habitó la zona esteparia próxima a Europa y que fueron desplazados o tal vez absorbidos por los propios Escitas. Tal fue el poder de este pueblo nómada, que se atrevieron a atacar en coalición con los Medos a la misma Asiria, y también de desplazarse hacia el Oeste para chocar contra los reinos de Tracia (actual Bulgaria) y más tarde contra Macedonia.
Jinete sármata
Herederos de los Escitas, fueron los Sármatas, un pueblo estrechamente relacionado con los Medos y los Persas que vino del Este y que logró adueñarse del territorio que ocupaban. Realmente, los pueblos nómadas no tenían más concepto de dominio que fuera más allá de la tierra que pisaban sus rebaños, así que resultaban fácilmente desplazables, aunque no tan fácilmente derrotables y ese puede que haya sido el secreto del éxito de su forma de vida.
Los Sármatas causaron grandes quebraderos de cabeza a los generales romanos, dado que eran una caballería excelente, e impresionaron tanto a éstos que, tras su derrota, fueron reclutados por el ejército romano como caballería auxiliar pesada, sirviendo en puntos tan alejados como las zonas conquistadas en las islas británicas, siempre en guerra por las incursiones celtas (pictos)
y  por las invasiones de pueblos germanos desde el continente, como los Sajones.  El ejército romano terminó por adoptar el concepto sármata de caballería pesada, los “catafractos” (hombre y caballo fuertemente protegidos por armaduras) como arma principal, en detrimento de la infantería.
Los remanentes de los pueblos Sármatas que quedaron en la estepa se vieron desbordados por los grupos germánicos que se desplazaban ante el empuje de las hordas de Atila y los hunos.

El origen de los hunos es incierto, aunque, como hemos mencionado anteriormente, se cree que se trataba de los Hsiung-Nu de los antiguos textos chinos.  Parece tratarse de un conglomerado de tribus turco-mongolas, que aterrorizaron Europa hasta la muerte de su líder más carismático, Atila, tras lo que se disgregaron, estableciéndose muchos de ellos en la actual Hungría.
Sorprendentemente, los romanos y los Godos se vieron obligados a aplazar sus disputas y guerras para aliarse contra los hunos y súbditos germanos de Atila, al que derrotaron en los campos Maur íacos, en el norte de la actual Francia.
Al desaparecer de escena los hunos, vinieron a sustituirles los Ávaros, un pueblo muy similar a ellos en fiereza y costumbres, y también, grandes arqueros a caballo. Se da la circunstancia de que éste pueblo, además de incursionar en los territorios vecinos, fueron los primeros nómadas capaces de crear una especie de estado rudimentario. Fueron unos vecinos muy incómodos del imperio bizantino, el cual aprendió de ellos técnicas de caballería, el uso de estribos, mejores sillas de montar y ropas más adecuadas para ello, así como la producción y uso de arcos de mejor calidad.
Tras los Ávaros, emergieron otras tribus de origen turquico, como  los Kázaros, Uzbecos,  Búlgaros, Magiares, Ongutos, Pechenegos, Turkmenos, Seljuks, Kazajos, Kipchaks, Tártaros, Otomanos y otros grupos menores.
Finalmente, fueron los Mongóles los invasores más exitosos, con ejércitos eficientes y organizados, en los siglos XII y XIII. El imperio Mongól acabó por dividirse entre los sucesores de Gengis Khan y ello facilitó que reemergiesen grupos turco-mongoles como los Kipchak (llamados en Europa Cúmanos), el reino de Timur-i-lenk (Tamerlán) o los Turcos otomanos.
Batalla de Liegnitz, en 1241, en la cual los mongoles derrotaron a los caballeros de Enrique "El piadoso" en su invasion de Europa al mando de Batu Khan, nieto de Genghis Khan.

EL ARCO

El arco de una sola pieza de madera es el viejo estándar usado hace miles de años, en ocasiones reforzado con tendones encolados por su cara exterior o incluso construido laminando tiras de la misma madera, todo ello para añadir potencia extra. Lo más usual es que estos arcos se fabricasen en tejo, al igual que los arcos medievales europeos, con su mejor exponente en el longbow inglés.

El hecho es que en Eurasia no hay tejos, de hecho, las maderas disponibles son de baja calidad y ello obligó a los habitantes de aquella zona a desarrollar una técnica de construcción de arcos bastante particular, la cual se basaba en la combinación de materiales.
Se cree que el arco compuesto se originó hacia el 1.500 a. de C., pero es difícil llegar a una datación más fiable. Posiblemente sea anterior, ya que parece poco probable que se idease con todas sus características técnicas añadidas a la vez. Tal vez la característica más llamativa sea la incorporación al diseño de unas “palancas” de madera al final de ambos brazos del arco en las cuales se insertaban las gazas de la cuerda, Esta peculiaridad añadía más potencia a la vez que permitía acortar el arco, facilitando su uso a caballo.



No existe una palabra en nuestro idioma para denominar dichas palas, por lo cual usaremos su nombre más conocido: “siyahs”. Hay que especificar que los primeros pueblos conocidos en poblar las estepas viviendo como nómadas no añadían esta innovación, un tanto más tardía, a sus arcos. Gentes como los Escitas o los Sármatas añadieron potencia extra a sus pequeños arcos recurvando las palas, diseño que nos resulta bastante más familiar. A pesar de ello, se ha encontrado un arco con “siyahs” rudimentarios cerca del lago Baikal y se ha datado en 500 años a. de C., momento de plenitud del pueblo Escita.

Entre los materiales habituales encontramos madera, cuerno, tendón, cuero, bambú y hueso. Por lo general, la madera y el bambú eran usados para crear una estructura ligera o núcleo de soporte
sobre el que construir el arco. Este soporte no necesitaba ser particularmente fuerte, ya que en el tiro experimenta fuerzas de tensión y compresión mínimas, aunque era importante seleccionar bien la madera con la veta adecuada para prevenir deformaciones en el proceso de construcción. Por esta razón, el bambú era muy apreciado siempre que se podía disponer de él dada la carencia de vetas. Este núcleo de madera era sometido a calor y humedad para darle forma y podía estar hecho de diversas piezas de madera, a menudo arce, abedul o morera. En la cara interna del arco se pegaba una lámina de cuerno, la cual no solo actuaba como refuerzo. Se trata de un material que ofrece un buen grado de compresión y una alta resistencia, además de poder retornar rápidamente a su forma original liberando toda la energía compresiva acumulada. El cuerno de búfalo y el de íbice eran muy apreciados y eran recortados hasta lograr una pieza con la forma y tamaño precisos. Después se hervían para ablandarlos temporalmente y poder trabajarlos con mayor facilidad.  Una vez obtenidas las piezas necesarias, se les practicaban unos surcos longitudinales al igual que se hacía con la madera, a fin de aumentar la superficie de contacto  entre ambos materiales. Esta operación se realizaba mediante una herramienta similar a un peine.
Después se pegaban con cola obtenida hirviendo largamente partes desechadas de pescado, siendo la vejiga natatoria la parte más apreciada. Este pegamento tenía la particularidad de impermeabilizar hasta cierto punto el material.  Una vez puestos en contacto ambos materiales se forzaba la curvatura contraria a la del arco y se dejaba secar la unión en esa forma atando fuertemente los materiales. Se dice que este secado podía durar más de dos meses, siempre buscando las condiciones de humedad y temperatura más favorables.
Por otro lado, la cara exterior era reforzada mediante tiras realizadas con fibras obtenidas al secar y deshacer tendones de animales y unirlos de nuevo entre si y posteriormente al arco mediante la misma cola descrita.  El tendón tiene la capacidad inversa al cuerno, actuando como una goma elástica, la cual tras deformarse estirando, regresa a su forma anterior al cesar la tracción, uniéndose así al empuje del cuerno.
Tras obtener la forma básica del arco, éste era recubierto con tiras de piel o corteza de abedul para protegerlo de la humedad. Tras este complejo proceso, el cual consumía varios meses, el arco estaba listo. El resultado era un arco extremadamente fuerte y flexible, el cual permitía que el arco estuviese encordado bastante tiempo sin sufrir deformaciones ni debilitarse. Como hemos mencionado antyeriormente, esta técnica se aplicada en arcos con siyahs o con las puntas de las palas recurvadas.

Por último tenemos la cuerda, la cual era frecuente confeccionar en crin de caballo, fibras vegetales y si era posible, con seda, la preferida más adelante por los expertos arqueros turcos.
Lo más habitual era llevar varias cuerdas hechas con distintos materiales, y dependiendode las condiciones climáticas se usaban unas u otras. Por ejemplo, las de crin de caballo eran perfectas para el frio, y las de origen vegetaleran mejores para calor y clima seco, ya que absorbían demasiada humedad ambiental.


LAS FLECHAS
Existían una gran variedad de tipos de flechas, las cuales se construían originalmente con puntas de hueso o piedra, siendo pronto reemplazadas por las de metal. Como en otros lugares, se fabricaban  varios tipos de puntas que eran elegidas dependiendo de su uso. No era igual disparar a un ave en vuelo que a largas distancia, o contra una armadura.
Existen textos de cronistas romanos que nos indican que las puntas de hueso eran muy comunes.
Dada la época, hay que entender que por razones de economía, el metal nunca acabó de desplazar totalmente a materiales más económicos y más sencillos de trabajar.
No obstante, las puntas de bronce fueron ampliamente usadas en la caza y en la guerra en una amplia gama de formatos. También desarrollaron la técnica de hacer acanaladuras en las puntas de flecha que se rellenaban con veneno. Los Escitas enterraban una mezcla de carne, sangre humana y veneno de un tipo concreto de serpiente y lo dejaban macerar hasta la putrefacción.
Una punta de flecha típica escita era la trilobada (con tres alas) similar a las empleadas por los chinos, y las encontramos con arpón o sin él. Otros pueblos como los mongoles eran muy dados a emplear flechas con puntas silbadoras hechas de madera. Un diseño bulboso y hueco, con ranuras por las que entraba el aire y producía un silbido característico. Eran empleadas para comunicarse mediante señales acústicas. Los turcos parecen haber mostrado predilección por las puntas en forma de hoja en y los hunos un diseño romboidal con un perno metálico que se insertaba en el vástago de madera.  Aparte de esto, los tipos de puntasde flecha usados en Asia central variaban enormemente en diseño y resultaría erroneo atribuir un tipo concreto a un determinado pueblo, más si pensamos que debió tratarse de un artículo muy común con el que comerciar, complicando todavía más la determinación de su origen.
Los vástagos estaban hechos en caña o junco y también en maderas como el abedul. Las flechas de junco eran ligeras, volaban lejos y eran fáciles de construir pero, obviamente, eran mucho más frágiles que las de madera o caña, las cuales resistían mejor los impactos y eran reutilizables en muchas ocasiones. Para el emplumado eran preferidas las plumas de aves acuáticas y podían ser de dos, tres o cuatro plumas, dependiendo del uso de la flecha. Curiosamente, se sabe que en algunos casos usaban un emplumado helicoidal, el cual, como sabemos, imprime a la flecha una rotación en pleno vuelo, lo cual la hace más estable.
Para que el disparo sea efectivo la flecha ha de estar bien construida. Un mal arco manejado por manos habilidosas puede hacer volar correctamente una buena flecha, pero nunca un buen arco hará lo propio con una mala flecha. Para ello, se debe fabricar la flecha acorde a la potencia del arco y las particularidades físicas del arquero, de modo que no resulte ni demasiado ligera ni demasiado pesada, ni larga, ni corta , lo cual nos indica que un arquero debe usar unas flechas con unas características muy determinadas. Contrariamente a esta afirmación encontramos la táctica de combate usada por los Partos de Asia menor, enemigos mortales de los romanos, la cual consistía en huidas fingidas a caballo que se realizaban para reaprovisionarse de flechas una vez agotadas las suyas y regresar al punto anterior para realizar nuevas descargas de saetas sobre sus desprevenidos enemigos. Es de lógica pensar que en este caso, las flechas serían todas iguales o muy similares para dar más rápidez a la recarga, con lo cual, sería el arquero el que debería adaptar su forma de tirar al proyectil entregado, el cual no necesariamente sería el idóneo.Este aspecto resulta menos importante en esta táctica debido a que no se tataba de hacer puntería, sino de hacer caer una lluvia de flechas sobre el enemigo, con los devastadores efectos que todos podemos suponer.

CARCAJS PARA FLECHAS Y PARA ARCOS

Aunque con variaciones, es normal que los diseños de tipos de carcajs se repitan a través del tiempo y en culturas distintas, reduciéndose a unos modelos prácticos, más o menos decorados y con el sello propio del grupo humano que lo utilizó.  A pesar de ello, encontramos un carcaj muy peculiar en la cultura de los nómadas de la estepa, un diseño al que los griegos llamaron “gorytos”.  Se trataba de algo más que un carcaj, era una funda para transportar el arco encordado, la cual dadas las reducidas dimensiones de estos arcos, no necesitaba ser muy grande, además de que quedaba la mitad superior del arco al aire para su rápido uso. En la parte frontal de dicha funda, se hacía un bolsillo (o varios) en vertical, en los cuales se introducían las flechas. Por otro lado, no era infrecuente encontrar un pequeño compartimento para introducir una pequeña daga.  Este modelo de carcaj se llevaba colgando del cinto y resultaba muy práctico para los jinetes arqueros.  Se trata de un diseño que conservaron también los Sármatas e incluso los jinetes del imperio parto, en tanto que otras étnias se conformaban con llevar un simple contenedor colgado en bandolera.
De cualquier modo, al caer el gorytos en desuso, se dieron dos modelos básicos entre los pueblos sobre los que tratamos. El primero era tan solo un diseño tubular y el segundo un modelo cónico, ancho en su base, plano, y con una solapa que podía tapar las flechas para su mejor conservación. Se hacían con esta forma porque las puntas de flecha quedaban hacia arriba, para ser identificados los diferentes tipos con rapidez, por lo tanto, la parte inferior necesitaba ser más ancha para albergar el emplumado sin que éste sufriese daños importantes. Este tipo de carcaj era el usado habitualmente por los mongoles.  Se fabricaban en materiales perecederos, como piel, madera, corteza de árbol y otros materiales de origen animal o vegetal, de modo que las evidencias arqueológicas son raras, resultando más fácil estudiarlos gracias a las escasas representaciones gráficas de la época.  Si se preveía que el arco no se iba a necesitar en breve, éste era desencordado y guardado en fundas de tipo tubular hechas de piel que lo cubrían por entero, a veces, muy decoradas.

ALCANCE DEL ARCO

Hoy podemos conocer algo acerca del alcance de los arcos antiguos gracias a los hallazgos arqueológicos y hechos recogidos en libros antíguos. En la llamada “Piedra de Genghis Khan”, el más antíguo monumento de piedra con inscripciones mongolas datado a principios del siglo XIII de nuestra era, se menciona a un arquero llamado Esukhei del cual se dice que disparó una flecha en una competición que alcanzó , en nuestras medidas, el equivalente 536 metros. Mil quinientos años antes, usando también un arco compuesto, un tal Anaxágoras, habitante de Olbia, una de las colonias griegas del Mar Negro, alcanzó los 522 metros. Estas distancias son impresionantes y reveladoras, e indican las potencias alcanzadas por el arco compuesto mongol en el primer caso y por el arco escita en el segundo. No obstante, se cree que el alcance efectivo de estos arcos no iría más allá de los 175 metros en arcos muy potentes, aunque a una distancia de 50 o 60 metros resultarían letales. De todos modos, seguramente nunca se esperó de la arquería una efectividad de una baja enemiga por disparo.
Se presupone que el mayor número de bajas causadas por disparos de arco eran heridas no siempre mortales, pero si lo suficientemente incapacitantes como para apartar del combate al enemigo alcanzado. Esto queda patente al pensar que en las batallas lo habitual eran las sueltas masivas de flechas en dirección al enemigo, sin escoger un blanco en concreto. Una lluvia de flechas sobre una formación, cayendo desde arriba en lugar de llegar de frente, causaba estragos en las filas, aunque se tratase principalmente de heridas, desconcertando y desmoralizando a las tropas.  Los arqueros de la estepa eran maestros en la técnica de disparar con una gran elevación, superando los 45º, de manera que las flechas cayeran casi en vertical sobre el enemigo. Resultaba una técnica muy eficaz, sobre todo si el enemigo estaba agrupado. Estaban entrenados para disparar una saeta cada 5 segundos, por lo que podemos imaginar que la provisión de flechas debía ser abundante. A pesar de ello, a esta velocidad de disparo, las flechas se acabarían muy pronto si no se hacía un uso racional. El general parto Surenna derrotó a los romanos en la batalla de Carrhae gracias a que organizó un eficiente sistema de reabastecimiento de flechas a sus jinetes.

LA APERTURA


La apertura es una técnica básica que todo arquero debe dominar. Los pueblos de las estepas usaban, al igual que los asiáticos, la llamada apertura de pulgar (thumb-draw), también llamada apertura mongola, muy diferente a la mediterranea, la cual se efectua tirando con los tres dedos centrales de la mano de cuerda, el indice sobre el punto de enflece y corazón y anular por debajo, y se trata de un método muy fácil de aprender.
Apertura con el pulgar (izquierda) y mediterranea (derecha).
La apertura de pulgar se efectuaba usando el pulgar para tirar de la cuerda, ayudandose de los demás dedos para cerrarse sobre el pulgar y añadir sujección extra. Se trata de un sistema más dificil de dominar, pero para gente que prácticamente nacía con un arco en las manos, esto no era un problema. Tomando como referencia un arquero diestro en la forma mediterranea, la flecha se dispara por la parte izquierda del arco, en tanto que en la forma que usa el pulgar se hace por la parte derecha y apoyando la flecha sobre el pulgar de la mano de arco con lo cual la flecha descansa sobre una base y es más dificil que se caiga al tumbar ligeramente el arco hacia la derecha, a lo cual contribuye igualmente la ligera rotación hacia la izquierda que se imprime de forma natural a la cuerda al realizar la apertura, comprimiendo suavemente la zona distal de la flecha contra el cuerpo del arco. Esta forma de apertura fue desarrollada seguramente para ser usada con arcos cortos (aunque los largos arcos yumi japoneses también la utilizan). Cuando se realiza la apertura es inevitable un cierto grado de pinzamiento del culatín de la flecha con los dedos, el cual se incrementa cuanto más cerrado sea el ángulo que forma la cuerda al tensar el arco. Arcos cortos y aperturas que llevaban la mano de cuerda hasta el hombro; era preciso usar una técnica que involucrase menos dedos que estorbasen en la suelta. Se trata de una apertura rápida y eficaz y que en la suelta previene golpes en el antebrazo, ya que el componente de fuga que la cuerda lleva en su avance es hacia el otro lado, al resbalar por el pulgar hacia fuera.
Los persas desarrollaron sus propios metodos de apertura, con diferentes sistemas de agarre de la cuerda, cosa que curiosamente, se observa de igual manera en las formas de arquería de los nativos de norteamérica. Uno muy curioso es mantener el dedo índice sobre la flecha, para poder sujetarla mejor mientras cabalgaban.   En los arcos largos europeos este problema no se presenta, ya que el ángulo formado por la cuerda es grande y previene el pinzamiento, además, lo normal era que el arco fuese usado por soldados de infantería.
Para que la apertura de pulgar sea más comoda, se usaba un anillo que se colocaba en el pulgar que tiraba de la cuerda, para protegerlo. Estos anillos podían estar hechos de diversos materiales, aunque lo usual era el cuerno y, ocasionalmente, el metal. Algunos se diseñaban para que la cuerda quedara encajada en una ranura o depresión dentro del anillo a modo de ayuda. Al realizar la suelta, la cuerda resbalaba por el anillo pulido logrando una suelta muy eficiente. Lo habitual era que este anillo tuviese una pequeña dragonera para llevarlo colgado de la muñeca cuando no se usaba.